Manizales, viernes 17 de julio del 2026. Hay quienes descubren su vocación desde muy jóvenes. Para el padre Martín Rodrigo Alzate Uribe, todo comenzó con una oración. Cuando el sueño de convertirse en militar no se hizo realidad, miró al cielo y le dijo a Dios: “Si no puedo ser soldado de la patria, entonces quiero ser soldado tuyo”. Esa decisión marcó el inicio de un camino de servicio que, cuatro décadas después, sigue dejando huella.
Ordenado sacerdote en 1993, recorrió parroquias, acompañó a personas privadas de su libertad, y, hace dos décadas, llegó a la Universidad de Manizales. Paradójicamente, confiesa que sintió más miedo al entrar a una universidad que a una cárcel. Pensó en renunciar a los pocos meses, pero el respaldo de un amigo y la confianza de la institución lo convencieron de quedarse. Hoy asegura que fue una de las mejores decisiones de su vida.
Su oficina se convirtió en un lugar de encuentro para estudiantes, docentes, administrativos y familias. Más allá de la fe o las creencias, quienes tocaron su puerta encontraron algo invaluable: alguien dispuesto a escuchar. Una de las historias que más recuerda es la de un estudiante que habló durante una hora entera, y, al despedirse, le dijo: “Con usted se siente uno muy bien, padre”. Para él, ese momento confirmó que escuchar, muchas veces, es la mejor manera de acompañar.
A sus 62 años, recibe con gratitud la noticia de su pensión y una condecoración por 20 años de servicio. Aunque siente nostalgia por despedirse de la universidad, lo hace con la tranquilidad del deber cumplido y con la certeza de haber dejado una huella en cientos de vidas. “La marca de la UManizales la llevo en mi mente y en mi corazón”, afirma conmovido.
El padre Martín fue el más reciente invitado al Café de la Sabiduría, un espacio creado para conversar con los pensionados de la institución, reconocer su legado y compartir las experiencias que, con dedicación y compromiso, ayudaron a construir la historia de la Universidad de Manizales, porque quienes culminan una etapa laboral no se van del todo: permanecen en la memoria, las enseñanzas y el corazón de la comunidad universitaria.