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Llegó por ocho días y encontró un hogar para toda la vida: la historia de María Yaned Marín sigue escribiéndose después de su jubilación 

Historia Yaned

Manizales, miércoles 17 de junio de 2026. Lo que comenzó como un reemplazo de apenas ocho días en la Universidad de Manizales, terminó convirtiéndose en una historia de 25 años de servicio, compromiso y gratitud. Esa es la historia de María Yaned Marín Jiménez, una administrativa pensionada que hoy recuerda con cariño a la institución, que considera su segunda casa. 

Su vínculo con la universidad comenzó en el Consultorio Psicológico del programa de Psicología. Lo que parecía una oportunidad temporal se transformó en toda una vida laboral, gran parte de ella en Registro Académico, dependencia desde la que mantuvo contacto permanente con estudiantes, profesores, egresados y colaboradores administrativos. 

“Llegué para un reemplazo y aquí me quedé”, cuenta entre sonrisas. 

Durante su trayectoria encontró en el servicio su mayor motivación. Resolver inquietudes, orientar a los estudiantes y acompañar a quienes llegaban en busca de ayuda fue una labor que disfrutó profundamente. “Para mí el servicio siempre ha sido lo más importante. Me gustaba atender a las personas, ayudarlas a resolver problemas y acompañarlas en lo que necesitaran”. 

Más allá de las responsabilidades diarias, María Yaned asegura que los recuerdos más valiosos son las personas. El afecto de sus compañeros y colegas, así como los espacios de bienestar promovidos por la universidad, marcaron su experiencia durante más de dos décadas. 

“Lo que más recuerdo es la gente, el cariño de mis compañeros, todas las actividades y celebraciones que la UManizales realizaba para nosotros. Siempre nos hicieron sentir importantes”. 

El paso por la institución también representó bienestar para su familia. Gracias a su trabajo logró alcanzar metas personales y construir un mejor futuro para los suyos. “Gracias a la universidad conseguí mi casa y pude ofrecer bienestar a mi hogar y a mi familia”. 

Por eso, incluso después de pensionarse, sigue sintiendo una conexión especial con la institución. “La Universidad de Manizales siempre será mi otra casa. Cada vez que vuelvo me siento muy bien”, cuenta conmovida. 

Uno de los aspectos que más valora es que el vínculo con la universidad no terminó al finalizar su vida laboral. Por el contrario, destaca el acompañamiento y el reconocimiento que continúan recibiendo los pensionados. 

“En muchas empresas uno se va y no vuelven a llamarlo. Aquí nos siguen teniendo en cuenta, nos siguen demostrando cariño y valorando todo lo que aportamos”. 

Hoy disfruta una etapa diferente. Cuando ingresó a esta alma máter, su hijo aún no cumplía un año, por lo que gran parte del tiempo estuvo dedicada al trabajo y a las responsabilidades familiares. Ahora aprovecha para compartir más con sus seres queridos, cuidar de su padre, viajar y apoyar a su hijo en el camino como emprendedor. 

También dedica tiempo a sí misma, asistiendo al gimnasio y realizando actividades que antes no podía disfrutar por cuestiones de horario. 

Entre los recuerdos más alegres de su paso por la institución está su participación en el equipo de baloncesto de administrativos. Aunque no siempre estaba dentro de la cancha, asegura que quienes ocupaban la banca eran quienes más se divertían. 

Historias como la de María Yaned dan vida al “Café de la Sabiduría”, un espacio que reconoce a quienes, desde diferentes roles, ayudaron a construir la historia de la Universidad de Manizales y continúan siendo parte fundamental de su legado. 

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