Hace diez años, James Mauricio Muñoz Alzate se presentó con algo de nerviosismo a una convocatoria para ser auxiliar del laboratorio de morfología en el Programa de Medicina de la UManizales. Venía de un entorno muy distinto: trabajaba en una funeraria. Aunque el salto parecía extraño, el cambio de escenario no lo intimidó. Superó las pruebas y se quedó con el cargo. Desde entonces, ha sido la mano silenciosa y precisa detrás de las prácticas anatómicas de cientos de estudiantes.
James no llegó a este punto por un camino recto. Estudió cinco semestres de Arquitectura en la Universidad Nacional, se graduó como Tecnólogo en Administración y Finanzas en la Universidad de Caldas, y luego, en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, profundizó en tanatopraxia y medicina legal. La curiosidad por el cuerpo humano lo llevó a cursos de plastinación y técnicas anatómicas con la Universidad de Antioquia, que hoy aplica en su día a día, entre bisturís, frascos de conservación sin formol y piezas cuidadosamente preservadas.
En esta labor, James organiza horarios, prepara prácticas, asiste a docentes, orienta a estudiantes y gestiona visitas externas. También es parte de un proyecto de investigación sobre plastinación y trabaja en el desarrollo de una nueva sustancia de conservación, que esperan patentar.
Pero su vida no se resume en el laboratorio. Desde niño, el deporte ha sido un cable a tierra. Amante de la bicicleta, el crossfit y los ejercicios funcionales, entrena no por estética, sino por salud y calidad de vida. Su sueño es llegar fuerte a la vejez, recorrer el mundo y disfrutar con independencia.
Quizá nunca imaginó que los cuerpos sin vida le enseñarían tanto sobre cómo vivir. Pero así fue. Y hoy, entre piezas anatómicas y entrenamientos, James encontró su vocación.