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Opinión - Más allá de enseñar contenidos: formar para la vida*

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Cuando pienso en mis más de diez años como docente, me doy cuenta de que enseñar nunca ha sido solo explicar un tema, resolver un ejercicio o llenar el tablero de fórmulas. Claro, la matemática y la ingeniería son mi campo, pero con el tiempo comprendí que la verdadera tarea va más allá y que se trata de acompañar a los estudiantes en el camino de convertirse en personas íntegras, capaces de pensar con criterio propio y de levantarse cuando la vida les pone obstáculos, mucho más en esta era en la que la inteligencia artificial lo está “haciendo todo”.

En estos años, en los que me he encontrado con diferentes personalidades, edades, criterios, he podido ver que la capacidad de aprender a aprender es quizás el regalo más importante que podemos dejarles a nuestros estudiantes. Los contenidos cambian, los métodos se transforman, y la inteligencia artificial ya está resolviendo problemas que antes nos tomaban horas. Pero lo que nunca va a pasar de moda y se los recuerdo a mis estudiantes, es la curiosidad, la disciplina y la capacidad de hacerse preguntas nuevas. Por eso, más que entregar respuestas cerradas o exactas, debemos guiarlos en la construcción de preguntas, en el análisis de problemas, aplicaciones en la vida real y, sobre todo, en la búsqueda de soluciones creativas en todo lo que emprendan.

Hay algo que quiero resaltar y que he confirmado, y es que la cercanía del docente hace toda la diferencia. No hablo de ser amigos de los estudiantes, sino de estar presentes, escuchar, mostrar interés genuino por lo que sienten y por lo que sueñan. 

Esa cercanía abre puertas, les da confianza para atreverse, equivocarse y volver a intentarlo. Soy testigo de que muchos aprendizajes empiezan precisamente en un error bien acompañado. No siempre es tan sencillo y es porque existe un reto enorme: encontrar el equilibrio entre estar ahí y dejar que ellos caminen solos. Si como profesores damos cada respuesta, corremos el riesgo de volverlos dependientes, y si nos alejamos demasiado, pueden perderse en la incertidumbre. El punto medio es ese momento en el que acompañamos los primeros pasos y luego soltamos poco a poco la mano; puede ser quizás lo más difícil, pero también lo más necesario; realmente esto es lo que les permitirá convertirse en profesionales autónomos y capaces de aprender por sí mismos a lo largo de toda su vida cuando ya no estén en una universidad.

Como ingeniera y docente, estoy convencida de que lo que realmente queda no es una lista de temas memorizados, sino la capacidad de pensar, cuestionar y reinventarse. Porque al final, en un mundo que cambia a la velocidad de la tecnología, lo que asegura el futuro no es lo que sabemos hoy, sino la actitud que tengamos para seguir aprendiendo mañana.

 

*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento institucional.

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