Hay personas cuya presencia es tan constante como silenciosa, pero determinante. Milton es una de ellas. Desde el área de soporte técnico de Tecnologías de la Información, ha sido durante años ese rostro amable que aparece cuando un sistema falla, cuando una red se cae, o simplemente cuando alguien necesita ayuda. Pero su impacto va más allá de lo técnico.
Milton no solo recuerda cuál es el computador asignado a cada oficina, también se acuerda de las fechas importantes de sus compañeros más cercanos, gestos que marcan la diferencia, además del poder de una sonrisa.
Se vinculó a la UManizales como practicante y luego ingresó al equipo de soporte técnico. Lleva siete años en la institución, en la que se motivó a ingresar por el deseo profundo de aprender y servir. Desde entonces, ha cultivado una reputación construida con pequeñas acciones, saludar con afecto, ofrecer soluciones con paciencia, hacer que el estrés de un problema tecnológico se disipe con una buena actitud, una broma, o simplemente escuchando con atención.
Milton entiende que el trabajo en equipo es la clave. Su paso por la universidad no solo ha sido profesional, también, profundamente humano. Recuerda con emoción el primer día, cuando desde la ventana de su oficina vio el Nevado del Ruiz y supo que estaba comenzando una etapa importante. Así también vivió la graduación como tecnólogo en desarrollo de software, como un hito que marcó su vida y le abrió caminos, gracias al apoyo de la universidad.
Hoy, mientras sueña con tener su propio restaurante y se prepara para seguir formándose profesionalmente, Milton continúa siendo ese compañero que llega con soluciones, pero también con afecto, porque en la Universidad de Manizales, donde asegura sentirse en un "hogar, dulce hogar", su meta es profesionalizarse en desarrollo de software, pues es un área que lo apasiona y en la que siente que puede seguir creciendo y aportando valor desde las tecnologías de la información.
