Desde niña, Manuelita Arias Arango encontró en la Universidad de Manizales un lugar familiar, como una extensión de su hogar. Hija de dos docentes de la institución, Gloria Stella Arango y Guillermo Arias, quienes fueron parte estratégica de la institución. Creció recorriendo los pasillos, acompañando a su padre a clases de matemáticas y a su madre en visitas empresariales. Siempre sintió al alma mater como un lugar seguro para ella.
Esa cercanía no solo marcó su infancia, sino que inspiró una trayectoria académica brillante en la UManizales; es profesional en mercadeo nacional e internacional, magíster en mercadeo y la primera graduada del doctorado en administración, momento que, indica, fue significativo: “Aunque asistimos solo mis padres y yo, fue especial porque ellos regresaron a la U, esta vez para celebrar un logro mío”, cuenta emocionada.
Hoy, tras una década como profesora, Manuelita ha construido su propio camino en la universidad. “Ser hija de dos docentes me abrió puertas emocionales, pero también me exigió demostrar que mi lugar aquí es fruto de mi trabajo y vocación”, afirma. Su rol como docente le ha permitido conectar saberes con realidades sociales, acompañar procesos transformadores y formar con propósito.
De sus padres heredó más que una relación con la institución: “De mi papá aprendí a enseñar con claridad y con propósito; de mi mamá, a tener siempre presente lo humano”.
Recorrer los mismos espacios donde sus padres dejaron huella le genera orgullo, pero también una responsabilidad que, según ella, la inspira y le exige estar a la altura. Hoy, desde el rol de profesora, sueña con seguir aportando a la transformación institucional a través de proyectos que unan docencia, investigación y sentido social.
Para Manuelita, la Universidad de Manizales no es solo una institución. Es su historia de vida y el lugar donde desarrolla su vocación.
