Nacida en Bogotá, Gabriela llegó a Manizales motivada por la calidad académica y el encanto de una ciudad que hoy siente como su hogar. No obstante, el camino ha implicado retos más allá de lo académico: administrar el dinero, ganar autonomía y afrontar la distancia familiar. “Lo más difícil es perdernos de muchos momentos en familia”, comenta con nostalgia.
Sin embargo, en medio de la adaptación, encontró apoyo en profesores, espacios de bienestar y una comunidad que la ha acogido. Lugares como el gimnasio, la plazoleta de comidas y las actividades impulsadas por Bienestar Estudiantil y la División de Desarrollo Humano en general, se han convertido en refugio, encuentro y conexión.
Uno de los momentos más significativos ha sido su participación en el primer encuentro de estudiantes foráneos, en el que, entre historias compartidas, se tejieron redes de apoyo que hoy sostienen a muchos jóvenes que están lejos de casa. “Fue un espacio muy especial que nos ayudó a saber a quiénes podemos acudir y a dónde podemos llegar si tenemos alguna dificultad”, puntualiza la estudiante, convencida de que estos encuentros no solo orientan, sino que también abrazan.
Hoy, su historia es además una invitación: el próximo miércoles 15 de abril a las 4:30 p.m., en el salón Tejiendo Lazos, se realizará el segundo encuentro de estudiantes foráneos, una nueva oportunidad para construir vínculos y encontrar, entre tazas de chocolate caliente, el calor que a veces hace falta cuando se está lejos de casa.