Daniel Alba Ospina es un graduado que, después de un tiempo de ejercer la medicina, se dio cuenta de que lo suyo es impactar vidas a través de la docencia.
Alba Ospina siempre tuvo afinidad con la enseñanza, ya que desde que era un adolescente daba clases de batería a sus amigos, y en séptimo semestre comenzó como instructor de cursos de reanimación básica y avanzada. Dos años después de graduarse y trabajar en la parte asistencial, comenzó a alternar este rol con el de catedrático, y fue en la inducción para este cargo donde escuchó algo que marcó su camino: que podía ver la docencia como un proyecto de vida. Este fue el punto de partida para seguir sumando horas hasta convertirse en profesor de tiempo completo, labor desde la que cree, puede tener un mayor impacto social.
“Cuando atiendo a un paciente, estoy impactando a esa persona y a su entorno. Al formar médicos, contribuyo a la preparación de profesionales que van a ayudar a muchos pacientes con familiares en su entorno que se van a beneficiar porque esa persona mejora su salud, entonces se genera un impacto mayor, un impacto en la sociedad”.
Su apuesta es humanizar la docencia. “Llegué siendo docente como habían sido docentes conmigo, y en este proceso de interacción con los estudiantes me di cuenta de que hay formas que no son las correctas. Mientras estudiaba, tuve unos profesores bastante pesados, y es algo que estamos modificando, al tratar de enseñar de una manera diferente sin perder la exigencia. En medicina tenemos una responsabilidad social muy grande que es formar a los próximos médicos que van a atendernos a nosotros y a nuestros seres queridos. La idea es llegar a ellos con más empatía, con más amor. Para mí es muy gratificante, muy bonito, ver cómo mis futuros colegas van evolucionando”, puntualiza.
