Claudia Vélez es una mujer que aprendió a vivir con sensibilidad, pasión por el aprendizaje y con un amor profundo por las personas. Se define como alguien en constante búsqueda de una mejor versión de sí misma y convencida de que la educación es el camino para transformar al mundo.
Su historia es también la de la Universidad de Manizales, donde trabajó durante 33 años y se convirtió, para muchos, en “La mamá de los pollitos”, un apodo que nació del amor sincero con el que abrazó a cada generación de estudiantes que conoció.
El momento más significativo que relata es ese encuentro casual con un graduado que había cumplido sus sueños. Verlos superar sus crisis y hacerse valientes era suficiente para llenar su alma de felicidad. “Comprendí que la verdadera alma mater es la madre de todas las almas, y eso fue lo que siempre sentí en mi corazón”, dice con emoción.
En la UManizales dejó huella: acompañó, lloró, soñó y construyó comunidad. Los estudiantes fueron su gran amor, y cada conversación, cada risa, cada abrazo, tejió una red de afecto que hoy permanece viva.
Su sueño no termina. Sigue creyendo en la educación como un bien común, accesible para todos, incluso hasta los niveles de posgrado. Sueña con una sociedad más consciente, comprometida con sus problemáticas y abierta al cambio. En lo personal, disfruta las cosas simples: un café, una buena conversación, bailar, caminar entre montañas y seguir aprendiendo. Como siempre les dijo a los estudiantes: “Se trata de vivir y ser felices, en medio de lo imperfecta que es la vida”.