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Análisis - Las disparidades regionales y sectoriales en el crecimiento* - Alejandro Barrera

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La semana pasada el DANE publicó las cifras provisionales 2023 del Producto Interno Bruto (PIB) por departamento, con un PIB nacional de 1.584,5 billones de pesos colombianos a precios corrientes, donde cinco departamentos del país concentran el 61,9% del total (Bogotá 24,9%, Antioquia 14,5%, Valle del Cauca 9,69%, Santander 6,4% y Cundinamarca 6,3%), manteniéndose históricamente como los grandes generadores de riqueza en Colombia.

Sin embargo, estos departamentos registraron en 2023 tasas de crecimiento inferiores al 1%: Santander 0,8%, Bogotá 0,6%, Valle del Cauca 0,5%, Antioquia 0,2% y Cundinamarca 0,2%, para un promedio estadístico agregado del 0,4%, en comparación con los departamentos de mayor crecimiento en 2023, que fueron Meta (3,8%), Chocó (2,5%), Putumayo (2,2%), Cesar (1,9%), Vaupés (1,4%), La Guajira (1,4%) y Caquetá (1,4%), que conjuntamente suman el 8,1% del PIB nacional.

Esto tiene dos lecturas: la primera es que es una realidad compleja si los principales motores de riqueza del país tienen crecimientos marginales, pues para ese año la tasa anual del país fue de un 0,7%; y la segunda, es que las regiones periféricas registran un mayor dinamismo, algo positivo para sus economías territoriales, teniendo presente que en la coyuntura nacional la contribución de estos al total del crecimiento fue del 33,5%, comparado con Bogotá, Meta y Cesar, que lideraron aportando el 48,1% al total.

La debilidad de las economías regionales en el total del PIB, a pesar de su contribución al crecimiento reciente, muestra que, de los siete departamentos con mayor tasa anual en 2023, cinco experimentan un ingreso por persona anual inferior a los $20.000.000, es decir, menos de $1.700.000 promedio mensual, comparados con los cinco motores de riqueza nacional donde el ingreso promedio mensual se encuentra entre $2.400.000 y $4.200.000, siendo urgente acelerar los procesos de generación de valor agregado de riqueza en los departamentos más vulnerables de Colombia, como principal mecanismo de cierre de brechas socioeconómicas regionales.

 

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Ilustración 1. PIB per cápita anual por departamento en Colombia a precios corrientes, 2023.

Fuente: elaboración propia base DANE.

En este sentido, las estructuras sectoriales del PIB en los departamentos cobran un papel sustancial en las diferencias. En los principales motores de riqueza (Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca, Santander y Cundinamarca) en promedio el 28% del PIB departamental se genera en sectores de alto valor agregado (industria, TIC y servicios financieros y profesionales); en economías más pequeñas o periféricas la realidad de la producción es distinta, los sectores de mayor valor agregado no alcanzan un 7% del PIB:

·         En Amazonas, 22,7% del PIB es agropecuario, 27% comercio, transporte, alojamiento y alimentación y 30% administración pública.

·         En Arauca, 37,2% del PIB es minero, 25,4% agropecuario y 14% administración pública.

·         En Caquetá, 31% del PIB es administración pública, 19,1% agropecuario y 18,7% comercio, transporte, alojamiento y alimentación.

·         En Chocó, 31,9% del PIB es administración pública, 23,8% agropecuario y 17,6% minero.

·         En La Guajira, 47,3% del PIB es minero, 17% administración pública y 11,5% comercio, transporte, alojamiento y alimentación.

·         En Nariño, el 27% del PIB es administración pública, 21,5% comercio, transporte, alojamiento y alimentación y 18,9% agropecuario.

·         En Vaupés, el 49,9% del PIB es administración pública, 23,9% comercio, transporte, alojamiento y alimentación y 7,9% agropecuario.

A lo anterior, se agregan dos aspectos. Por un lado, sumar la participación de cada departamento en el PIB sectorial, donde Antioquia, Cundinamarca y Valle del Cauca generan el 34% del PIB agropecuario, Meta y Cesar el 44,7% del PIB minero y Antioquia, Bogotá y Valle del Cauca el 48,8% del PIB industrial, 54,2% del PIB comercial, 54,1% del PIB TIC, 74,5% del PIB financiero y 65,3% del PIB de servicios profesionales y empresariales.

Por otro lado, las heterogeneidades se presentan al interior departamental, expandiendo los retos de las políticas de desarrollo con doble enfoque sectorial y territorial. El departamento de Caldas aporta menos del 2% del PIB de Colombia, pero internamente el 45,3% es generado por Manizales y el 75% del valor agregado municipal proviene de actividades terciarias, seguido de Chinchiná, La Dorada, Aguadas y Villamaría, representando el 8,5%, 7,8%, 3,5% y 3,4%, respectivamente, de la producción de Caldas. En Chinchiná sobresale un 36% del valor en actividades secundarias, en La Dorada el 91% en actividades terciarias, en Aguadas el 65% en actividades primarias y en Villamaría un 81% en actividades terciarias, abriendo el análisis sobre vocaciones productivas y desigualdades. En 15 de los 27 municipios de Caldas, las actividades primarias generan más del 30% de la economía de sus territorios.

Toda esta información sirve para concluir que las discusiones sobre el crecimiento económico en Colombia deben abordar políticas de desarrollo sectorial y territorial desde lógicas de planificación nacional y regional de manera articulada, ya que las cinco regiones motores de la riqueza en el país (Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca, Santander y Cundinamarca) no han cambiado sustancialmente en su participación en el PIB nacional, generando el 64,5% del PIB en 1980 y el 61,9% del PIB en 2023; es decir, cuatro décadas de una evidente disparidad regional. Se necesita concebir el crecimiento económico en cada municipio y departamento como una prioridad nacional, permitiendo discusiones profundas sobre ordenamiento y planificación para el desarrollo territorial; y la integración de poblaciones en el mediano y largo plazo desde las ventajas de las economías de aglomeración regional.

 

*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento institucional.

 

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