Existen diferentes factores que pueden llevar a una persona a un estado depresivo: factores clínicos, factores externos, entre otros. Los factores clínicos derivan en temas de depresión, ansiedad y trastornos bipolares, y pueden tener que ver con antecedentes personales.
Muchos casos también vienen alineados a la genética, familiares con trastornos depresivos o ansiosos. Otros se presentan por el consumo de sustancias: alcohol, drogas o mal uso de medicamentos.
El tema de la desesperanza, de no sentirnos a gusto con lo que hacemos, de perder esa motivación que hace que nos levantemos todos los días. La falta de propósito, de proyecto de vida; algunas personas viven en piloto automático, no tienen sueños.
Existen además factores sociales o del entorno que empiezan a afectarnos: el aislamiento, la falta de contacto humano y la poca socialización e interacción con otros. Con la aparición de las redes sociales, de los dispositivos tecnológicos, nos alejamos de nuestros amigos y familiares. Esto se suma a problemas personales como rupturas de relaciones u otro tipo de conflictos que no sabemos gestionar porque no tenemos las herramientas, no nos relacionamos lo suficiente con los demás para conocer diferentes puntos de vista, otras historias de vida, o algo tan básico como escucharnos.
Ya no hay un contacto, una relación, y empiezan a pesar otros factores, como los económicos, el desempleo, las deudas, todo se convierte en una bola de nieve y en una bomba de tiempo que en cualquier momento puede explotar.
La sociedad está cambiando tan rápido que no sabemos cómo alinearnos a ella, no hacemos esa pausa de entender las nuevas dinámicas, los nuevos roles laborales, el trabajo en casa, que si bien puede llegar a ser una política de bienestar, sacrifica ese espacio de socialización con nuestros compañeros de oficina.
Otra de las situaciones que llevan a un trastorno depresivo o ansioso es el tema de las pérdidas, los duelos, pero principalmente, cómo los gestionamos. Como seres humanos hemos perdido la capacidad de gestionar nuestras emociones; tal vez ni siquiera lo entendemos. Hoy todo pasa rápido, vivimos el día a día, solo pensamos en producir, en tener una vida externa estable, pero a nuestra vida interna no le ponemos atención.
Hemos perdido la capacidad de amarnos, no sabemos qué queremos en la vida, cuáles son nuestros sueños y proyectos, cuáles son nuestras frustraciones, qué estamos haciendo bien y qué no, y más importante, ¿cómo podemos hablarnos de una manera asertiva a nosotros mismos?
Somos con quienes más hablamos durante el día y eso lo perdemos, nos saboteamos, nos juzgamos, nos culpamos, y esa información es la que le damos a nuestro cerebro, un diálogo interno negativo.
Entonces el tema de los duelos tiene que ver con eso, con la gestión de emociones. Nos dejamos llevar por el dolor, no hacemos esa introspección de reconocer qué es lo que está pasando, qué nos enseña esa perdida, porque, desde mi perspectiva, no es lo que nos pasa sino cómo lo gestionamos, cómo transformamos ese dolor.
Así, podemos comenzar a interactuar de una manera mucho más asertiva con nosotros mismos para enfrentar las dificultades, recuperando la capacidad de autovalorarnos.
Hoy en día vemos a niños que desde muy pequeños se sienten abrumados por problemas que, entre comillas, son pequeños, y en los jóvenes el tema de las redes sociales y las comparaciones se ha vuelto una de las principales razones de que no se sientan a gusto con la vida que tienen. Tanto en ellos como en los adultos, lo que podemos observar es que no encuentran una salida a sus problemas, los enfrentan de una manera negativa y creen que todo se está saliendo de control.
Por esta razón, se debe trabajar en esa pérdida de autoconcepto, de amor propio; cómo nos vemos en el espejo cada mañana, cómo nos sentimos con lo que estamos haciendo día tras día, si nos estamos convirtiendo en la persona que queremos, si somos agradables para nuestros amigos. También analizar qué está pasando en el entorno familiar, muchas veces los padres involucran a sus hijos en las peleas de pareja.
El entorno escolar, por ejemplo, es muy importante: el acoso, el rechazo, las comparaciones, todos estos aspectos que se han incrementado con las redes sociales. Igual pasa con los adultos, nos comparamos, notamos lo que no hemos alcanzado, pero no nos felicitamos por nuestros logros. Cada vida es diferente, cada rol; todos tenemos un propósito, un proyecto de vida, y en eso debemos enfocarnos.
La psiquiatra española Marian Rojas Estapé asegura que gran parte de esos problemas de depresión que presenta la sociedad es porque las personas perdemos el rumbo, no tenemos un propósito de vida; en eso debemos trabajar.
Para fortalecernos como seres humanos tenemos que ir más allá, mirar hacia adentro, ver lo bueno, lo bonito que tiene cada persona. El reto es grande, falta mucha empatía en la sociedad, más compasión, educación.
Hace algunos años viví la experiencia de padecer un trastorno depresivo ansioso muy fuerte, y parte importante en el proceso fue educarme, conocer y entender la dinámica de esos trastornos. Esto me permitió entender a las personas, escucharlas, reconocerlas y aceptarlas, porque algo fundamental como sociedad es aprender a escuchar y a ponernos en el lugar del otro.
*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento institucional.