Hay un principio básico por el cual se rigen y delimitan las naciones, y es el derecho a defender la soberanía de un país, por más pequeño que sea, y a sus ciudadanos. Esto significa que, al no ser una colonia (país que pertenece a otro legalmente), se tiene la libertad de expresar exigencias o desacuerdos que lleven a una mutua cooperación.
Denegar un arribo aéreo y solicitar trato digno a connacionales deportados, no como criminales (amarrados y esposados), puesto que el derecho internacional que rige a las naciones del mundo dictamina que el estatus migratorio irregular de una persona no es punible, hace parte de esta soberanía.
Cada nación tiene el derecho de manejar sus políticas internas sobre quienes no cumplen sus requisitos de estancia y enviarlos de vuelta, pero debe entender que la política exterior se basa en diplomacia, alianzas, acuerdos, y enviar deportados en condiciones humillantes se sale de estos parámetros.
Si la supremacía autodictaminada de un país lo aleja de lo ortodoxo, se van a generar tensiones en gobiernos que ideológicamente estén distanciados, o respuestas no gratas en grandes aliados, porque cada país defenderá su autonomía. Es un principio del sistema político terrestre.
Veo irracional la retórica mediática sobre el incidente Trump-Petro. Culpan a un presidente por defender una soberanía, haciendo una exigencia de trato digno para quienes no son criminales. Piden diplomacia de un solo lado, sin tener en cuenta lo obvio.
¿Qué es lo obvio? Hay una respuesta sancionatoria abismalmente desmesurada, impositiva, destructiva, impulsiva y con una finalidad única de sumisiòn, en contra no de un gobierno, sino de toda una nación.
Desde luego, los EEUU acostumbran a usar sanciones como forma coercitiva. Sin embargo, decir que Colombia tendrá aranceles del 25%, y que irán en aumento la semana siguiente, pasando a un 50%, no es demostrar poder, es mostrar indolencia, desdén, frente a un pueblo.
Sumado a ello, Trump optó por seis formas más de presión: prohibición de viajes, retiro de visados, mayor inspección en aduanas, protección fronteriza y sanciones bajo la Ley IEEPA, siendo esta última muy represiva, pues permite congelar activos de individuos o empresas en Estados Unidos, restringir transacciones bancarias entre entidades de ambos países y bloquear el acceso a alternativas de financiamiento internacional con entidades como el FMI y el Banco Mundial.
Un cruce de desacuerdos desatado por dos vuelos llevan a estos ataques, amenazas y represalias impresentables; son la expresión del matoneo absoluto y no atienden a ningún protocolo diplomático del que tanto hablan y exigen personajes nacionales, demostrando el actual gobierno estadounidense que las relaciones son todo menos cooperativas, pero sí desequilibradas, condicionadas al temor e imposición de cualquier medida, ya no hay nada que disimule ese actuar y esto es muy preocupante para la comunidad internacional.
Esta situación tajante, inmediata y arbitraria, no dio opción alguna al presidente colombiano para una contestación elaborada. Al contrario, lo condujo a responder de forma impulsiva, haciendo valer la soberanía nacional, lo que cualquier verdadero líder político haría, sentando un precedente para las futuras deportaciones.
La política es un sistema de tire y afloje, ese es el arte, el encanto para muchos, algo normal en la esfera global. Que Colombia no esté acostumbrada a hacerse respetar, a sentar posiciones propias o discrepar, no significa que hay que desvalorizar estas acciones necesarias del actual gobierno. Es curioso que, a pesar de llevar muchísimos años como socios íntimos de los EEUU, quienes son potencia económica, sigamos con las tazas más altas de pobreza.
Es impensable que esto no sea noticia o no genere un ápice de reflexión, por lo menos en espacios académicos, políticos, periodísticos, frente a futuras peticiones o contradicciones. O simplemente estamos condenados al silencio absoluto, o ya asumimos que la soberanía de nuestra nación no nos pertenece.
*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento de la Universidad de Manizales.