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Análisis - Alerta por ola de feminicidios en Colombia*– Ángela López

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Julio fue un mes literalmente “fatal” para las mujeres en Colombia. Se conocieron al menos 15 casos de mujeres que perdieron la vida por violencia de género. Ante este alarmante panorama, la Defensoría del Pueblo emitió una alerta a través de la cual exige al Gobierno medidas urgentes para atender la ola de feminicidios que se está presentando en el país. Según la entidad, durante el primer semestre de este 2026 se presentaron 30 muertes, además de 154 tentativas.

Quiero nombrar cada uno de los casos conocidos, para con ello tal vez evitar que se conviertan en una estadística más, e incluso, en paisaje. La violencia contra las mujeres, por más que ocurra, no se puede normalizar:

Paola Gimena Osorio Zuluaga, asesinada en Caldas presuntamente por su expareja sentimental, a quien había denunciado previamente por maltrato.

Arelis María Bertel Hernández, asesinada en Antioquia presuntamente por un hombre con el que habría ingresado a su vivienda.

Rosa Mayerly Olaya Coronado, asesinada en Cundinamarca presuntamente por un acosador al que ya había denunciado.

María Alejandra Castaño Bermúdez, asesinada en Tolima presuntamente por su pareja sentimental.

Herianny Carolay Montilla Rincón, asesinada en Atlántico presuntamente por su pareja sentimental.

Danelly Marcela Del Valle Mendoza, también asesinada en Atlántico presuntamente por su pareja sentimental.

Yasleidis Martínez Jiménez, asesinada en Cesar presuntamente por su pareja sentimental, quien tenía antecedentes de violencia y maltrato hacia ella.

María Fernanda López Castellanos, asesinada en Antioquia presuntamente por su pareja sentimental, con la que había decidido regresar después de un tiempo de estar separados por conflictos relacionados con control y vigilancia excesiva.

Melanie Sarahí Fajardo Rincón, asesinada en Antioquia presuntamente por su pareja sentimental.

Jhanet Estela Álvarez Rivera, también asesinada en Antioquia presuntamente por su expareja sentimental, luego de que ella decidiera terminar su relación.

Mercedes Ortiz Carvajal, asesinada en Caldas presuntamente por su pareja sentimental, quien además abusó de su cadáver y de sus dos hijas menores de edad.

Darly Juliet Viveros Arboleda, asesinada en Nariño presuntamente por su expareja sentimental.

Nelly Adriana Ortiz Torres, asesinada en Risaralda en circunstancias que un medio de comunicación clasificó como “crimen pasional”, y María Camila Potosí Gómez, asesinada por una banda criminal a solicitud de una amiga suya en Valle del Cauca, para robarle a su bebé, una niña de ocho meses de gestación, y así cubrir un embarazo falso que se había inventado.  

Aunque hemos avanzado en denominar los feminicidios como lo que son, asesinatos de mujeres en razón de su género, y nos alejamos de esa etiqueta de crimen pasional que, de alguna manera, justifica las muertes como daños colaterales de una relación amorosa, podemos ver que, en el fondo, esto sigue siendo el principal detonante.  

No es casualidad que la mayoría de mujeres de esta lista hayan sido asesinadas por sus parejas o exparejas sentimentales, o, como en el caso de María Camila y su bebé, por circunstancias relacionadas con relaciones amorosas.

Tampoco lo es que un porcentaje importante de estos feminicidios se concentre en regiones como Antioquia y la Costa Caribe, donde otros factores, desde el registro de casos hasta patrones específicos de violencia contra la mujer, merecen ser estudiados con más profundidad.

Y es que una de las consecuencias del machismo es la cosificación de la mujer, que empieza con algo tan común como decir que “está buena” y se complica con la creencia de que nosotras estamos al servicio del hombre – en cualquiera de las esferas- o que les pertenecemos. Por esta razón, algunos de ellos no aceptan un no como respuesta: ni a un piropo, ni a un cortejo, o mucho menos, para ponerle fin a una relación, así sea abusiva y violenta.

Muchos de los casos que cité tienen otro factor en común: los antecedentes y las denuncias previas, que, por los desenlaces, evidentemente no bastaron para proteger las vidas de estas mujeres. En esto tendrán que trabajar las autoridades, fortaleciendo la atención y prevención, y reduciendo la impunidad.

¿Qué podemos hacer el resto de personas? Mucho. Cambiar el chip, generar conciencia sobre cada comentario para ir desescalando el machismo desde el lenguaje, y, sobre todo, dejar de estigmatizar, y en lugar de esto, respaldar, a quienes alzan la voz desde movimientos como el feminismo.

Somos las mujeres, muchas mujeres, las que estamos muriendo a manos de los hombres. Problemáticas así de radicales requieren posturas radicales. Requieren menos normalización y más acción (no necesariamente grandes acciones). Muchos cambios culturales se han gestado a partir de acciones cotidianas. Esa es mi invitación.

 

*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento institucional.

 

 

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