Álvaro Agudelo es un hombre entusiasta, trabajador, apasionado por la música argentina, el tango, el baloncesto y la vida misma. Su historia en la Universidad de Manizales comenzó con una duda: pensó que no lo iban a vincular. Entró en 1990 para cubrir un reemplazo en la Biblioteca, pero su energía, responsabilidad y calidez humana conquistaron a quienes lo rodeaban. Y se quedó.
Han pasado 35 años desde aquel día. Inició como mensajero interno medio tiempo y, al mismo tiempo, en la Biblioteca. Fue allí donde lo acogieron con afecto y le ofrecieron su primer trabajo a tiempo completo. Más adelante, migró al área financiera, se formó en sistemas y contabilidad en el Sena, y su deseo de aprender le abrió nuevas puertas dentro de la universidad.
Después de varias rotaciones, regresó a donde todo empezó: la Biblioteca. Y allí ha permanecido durante 17 años, consolidando una historia con esta institución que no solo le dio empleo, sino también un hogar.
Uno de los momentos más emotivos fue reciente: su hijo Juan Manuel se graduó como Ingeniero de Sistemas y Telecomunicaciones de la UManizales. Creció entre pasillos, celebraciones y el cariño de los compañeros de su padre, y fue gracias al beneficio educativo para hijos de colaboradores que logró cumplir este sueño.
Álvaro no solo ha avanzado profesionalmente; también se formó como bailarín de tango y pasodoble en la institución. Hoy, a tres años de pensionarse, se proyecta con su propia academia de baile para enseñar lo que ama, porque para él, la vida es eso: un viaje que se recorre bailando con gratitud.