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Opinión- La salud mental es una responsabilidad que construimos entre todos* - Erika Alejandra Valencia Betancur

Columna Salud Mental

El sismo del 10 de agosto de 2026 nos recordó algo que solemos olvidar: las situaciones adversas no solo generan consecuencias materiales. También movilizan emociones, alteran rutinas y ponen a prueba nuestras formas de relacionarnos. 

En esos momentos descubrimos que lo primero que nos sostiene no es un programa ni un protocolo, sino las personas que tenemos cerca: alguien que pregunta cómo estamos, alguien que escucha sin juzgar, alguien que nos hace saber que no estamos solos. 

Esa experiencia le da un sentido particular al mes de octubre, declarado Mes de la Salud Mental en Colombia por la Ley 2460 de 2025. La ley llama a todos los actores de la Política Nacional de Salud Mental, actualizada mediante el Decreto 0729 de 2025, a actuar de manera articulada en la promoción, la prevención y la atención. Esto quiere decir que la salud mental no es una preocupación exclusiva de quienes atraviesan un sufrimiento emocional o requieren atención especializada. Es un asunto que nos involucra a todos. 

Reconocer la salud mental como un derecho fundamental implica ir más allá de las palabras. Significa que las personas necesitan condiciones para desarrollar sus capacidades, afrontar las dificultades, construir relaciones significativas y acceder oportunamente a los apoyos que requieren. No todos partimos de las mismas circunstancias: nuestras posibilidades de bienestar dependen de contextos familiares, sociales, educativos y laborales muy distintos. 

Aquí es donde cobran valor los vínculos comunitarios. Una conversación oportuna, una escucha atenta, preguntar cómo se encuentra alguien o simplemente hacerle saber que no está solo pueden ser formas muy valiosas de acompañamiento. No necesitamos tener las palabras perfectas, conocer todas las respuestas ni haber vivido una experiencia similar. A veces basta con reconocer el sufrimiento del otro, escuchar sin juzgar y respetar sus tiempos.  

Esto no significa que la solidaridad sustituya la atención profesional. Son dos cosas que se complementan. Hay situaciones que requieren orientación especializada, atención clínica y seguimiento oportuno, y acompañar también es saber cuándo y cómo ayudar a alguien a llegar a esos servicios, sin asumir responsabilidades para las que no estamos preparados. 

Los entornos en los que vivimos, trabajamos y nos relacionamos influyen significativamente en nuestra salud mental. Por ello, promoverla también implica reconocer la responsabilidad que tenemos, desde las organizaciones, en la construcción de espacios seguros, respetuosos y saludables. 

En los ámbitos laborales y educativos, esto se traduce en fortalecer la convivencia, prevenir los riesgos psicosociales, favorecer el equilibrio entre la vida personal y laboral, propiciar espacios de escucha y garantizar rutas claras de orientación y atención. Se trata de comprender que el cuidado de la salud mental no es una tarea exclusivamente individual, sino un compromiso que también se expresa en las condiciones y relaciones que construimos cotidianamente. 

También exige revisar nuestras prácticas cotidianas. ¿Escuchamos realmente a quienes nos rodean? ¿Podemos decir que estamos pasando un momento difícil sin temor a ser juzgados? ¿Estamos dispuestos a ofrecer apoyo sin minimizar el dolor ajeno? Una cultura de cuidado no se construye con campañas puntuales, sino con decisiones y comportamientos de todos los días. 

Por eso, conmemorar este mes es asumir un compromiso que trascienda octubre. Es entender que el bienestar no consiste en estar bien todo el tiempo, que pedir ayuda no es una señal de debilidad y que acompañar a alguien no exige resolver todas sus dificultades. También es reconocer que las comunidades no son simples receptoras de acciones institucionales, sino protagonistas del cuidado. 

Si la salud mental es un derecho fundamental, garantizarla es una tarea compartida. Desde las instituciones hasta los pequeños gestos de nuestra vida cotidiana, todos podemos contribuir a construir entornos en los que hablar de lo que sentimos sea posible, buscar ayuda sea una opción accesible y recibir apoyo no dependa de enfrentar el sufrimiento en soledad. 

 

*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento institucional. 

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