Desde joven, Erik Santiago Gutiérrez Jaramillo aprendió que la vida se construye con esfuerzo diario. En su hogar, el trabajo independiente siempre fue la norma: su madre maneja un kiosco en el sector de Maltería, su padre se ha dedicado al comercio de frutas y verduras en La Galería, y su hermano vende aguacates en Cristo Rey. En esa dinámica familiar, el compromiso y la iniciativa eran parte del día a día.
Erick empezó a trabajar a los 12 años, mientras estudiaba en el colegio San Jorge. En las tardes y fines de semana, empacaba mercados en El Triángulo o ayudaba a su hermano en Cristo Rey, tareas que lo conectaron desde temprano con la realidad del trabajo duro.
En décimo grado, gracias a un convenio entre el colegio y la Universidad de Manizales, apoyado por la Fundación Luker, tuvo la oportunidad de estudiar la Técnica Profesional en Atención al Cliente. Cumplió con todos los compromisos y se graduó a la par de bachillerato. Luego continuó su formación con una tecnología en gestión comercial, financiada con un crédito educativo.
Durante ese tiempo, combinó el estudio con el emprendimiento familiar: compraba y revendía frutas con su hermano desde las 5:00 a.m.; a las 8:00 a.m. ya estaba vendiendo aguacates junto al Ara de Cristo Rey. Finalizando la tarde, cambiaba el delantal por libros hasta las 10:00 p.m. Así pagó estudios, transporte y ayudó en casa.
Hizo la práctica en la UManizales, donde más tarde fue contratado por Beezum, una spin off de la misma Institución. Hoy, mientras trabaja y ahorra, se prepara para iniciar su carrera profesional en mercadeo nacional e internacional. Erick no se detiene: sueña con su propio emprendimiento, una vida estable y, sobre todo, con seguir aprendiendo, porque, como bien dice: “lo que uno aprende a diario, le sirve para toda la vida.”