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PARPADEAMOS… Y YA SE FUE EL PRIMER TRIMESTRE

juanse

Parpadeamos dos veces… y listo, el calendario ya cambió de página tres veces este año. 

Enero llegó con propósitos y fiestas, febrero con velocidad y angustia y marzo con esa sensación incómoda de que la vida va como en modo turbo.

Sin darnos cuenta, estamos corriendo una carrera que nadie nos explicó muy bien… pero en la que todos decidimos participar. Vivimos con la agenda llena, el celular vibrando, notificaciones activas, los pendientes no dan espera y la sensación permanente de que “no estamos haciendo suficiente”. 

Curiosamente, mientras más ocupados estamos, más creemos que eso es sinónimo de éxito, como si el cansancio fuera una medalla invisible, como si decir “no tengo tiempo” fuera una forma moderna de prestigio, ¡que peligroso!.

Pero hay una verdad silenciosa que siempre termina alcanzándonos: el único recurso que no se puede recuperar, reciclar ni renegociar es el tiempo. El tiempo no se ahorra, no se almacena, no se devuelve, simplemente pasa. Pasan los días, los semestres, los años; y en medio de ese tránsito acelerado, vemos crecer a nuestros hijos casi como si alguien hubiera puesto la vida en cámara rápida, como en la película Click, de Adam Sandler.  (recomiendo verla) 

 Vemos envejecer a nuestros padres mientras seguimos prometiendo esa visita “cuando tenga un espacio”, eso a veces me pasa factura emocional, este año es el segundo aniversario de mi señora Madre. Vemos cómo nuestros propios sueños quedan archivados en la carpeta mental de “después miramos eso”.

 Nos acostumbramos a vivir en automático, a producir, responder, cumplir, ejecutar… pero pocas veces a detenernos, y  aquí aparece una idea que puede sonar casi revolucionaria en estos tiempos: necesitamos volver a aprender a no hacer nada, no hacer nada no es perder el tiempo,  no hacer nada es, muchas veces, recuperarlo.

 Es sentarse a pensar sin culpa, es mirar por la ventana sin estar “aprovechando el momento”,  es caminar sin podcast, sin llamada, sin meta de pasos, es permitirle a la mente bajar la velocidad para que el corazón pueda alcanzarla;  porque cuando todo en la vida se convierte en tarea, dejamos de vivir procesos y empezamos a tachar experiencias como si fueran pendientes, la vida no es una lista de chequeo, la vida es una conversación profunda con uno mismo, es una pausa necesaria para recordar hacia dónde vamos… y sobre todo, por qué vamos hacia allá.

 Tal vez el verdadero éxito no esté en estar siempre ocupados, sino en estar verdaderamente presentes,  tal vez la productividad más poderosa sea la que nace de la claridad interior,  tal vez el mayor acto de liderazgo personal hoy sea tener el coraje de frenar.

 Parpadeamos… y el trimestre se fue,  pero todavía estamos a tiempo de abrir bien los ojos para lo que viene. No para correr más rápido,sino para vivir con más sentido, porque al final, no se trata de llenar los días de cosas, sino de llenar las cosas de vida.

Juan Sebastián García Gómez 

CEO Juanse,  Ser para Crecer

Graduado del programa de Mercadeo Nacional e Internacional 

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