Los dolientes y el duelo por suicidio

Septiembre 11 del 2022

 

El entramado emocional que se anuda en los dolientes, cuando un ser querido muere por suicidio, está trenzado con muchos hilos difíciles de desanudar. Este duelo, en particular, se comienza con muchísimas preguntas y ninguna respuesta. No hay explicación que satisfaga, ni esclarezca lo que ha sucedido. Las dudas, los reproches, y las culpas, emergen en los sobrevivientes. Vienen entonces los interrogantes y miles de frases: ‘¿Si yo hubiera llegado más temprano?, ¿si le hubiera escuchado’, ¿si le hubiera llevado al médico?, ¿si le hubiera amado más?…’

Juan Carlos Pérez Jiménez, en su libro La Mirada del Suicida, afirma: “Las razones últimas de un suicidio son casi siempre inextricables y, en todo caso, complejas, ya que los desencadenantes últimos de cada muerte voluntaria se encuentran fuera de lo que ningún otro ser humano pueda llegar a comprender y, normalmente, resulta imposible elaborar un discurso racional al respecto”.

Las reacciones de las personas que sobreviven a la muerte de un ser querido por suicidio son fuertes y agobiantes. Van desde el shock ante la certeza del hecho que puede generar un estado alterado de conciencia, mientras tiene la certidumbre de la realidad; hasta la rabia con la persona fallecida por el daño y dolor que ha provocado en los que quedan. La familia se siente traicionada y poco amada.

Experimenta la familia, además, culpa por no haber impedido el suceso, por no haber brindado compañía; así como miedo, ansiedad, desasosiego e incluso un dolor insoportable, acompañado de pérdida de sueño, de apetito entre otros.

Los dolientes pueden sentir que les faltan fuerzas para asumir el día a día. Por ello, es recomendable que tengan con quién hablar, una persona que brinde la confianza para poder expresar los diversos sentimientos y emociones que emergen durante esta dramática experiencia. En palabras de un familiar: “Llevo mes y medio sin dormir siquiera dos horas seguidas, me siento agotado. No puedo quitarme esas imágenes de la cabeza, siento que no voy a ser capaz de sobreponerme a esto”.

Es importante, que los dolientes sientan que los demás les reconocen el dolor, sin sentirse juzgados, ni rechazados. Una mamá afirmó en medio del llanto: “En dónde yo laboro, todos mis compañeros hacen como si nada hubiera pasado. Hasta mi jefe me preguntó a los quince días de la muerte de mi hijo, que por qué estaba llorando…”

A veces en los espacios de trabajo e incluso en los entornos familiares, tanto los compañeros como los seres cercanos, creen que la conspiración del silencio es la mejor estrategia para ayudar. ¡Están muy equivocados!. Poder expresar el dolor, ser escuchados y buscar ayuda, son tareas esenciales para comenzar el proceso de recuperación.

 

Publicado originalmente en La Patria Manizales, en Septiembre 11 del 2022. Enlace de la publicación original.

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