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El suicidio, un mal silencioso

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Juana Valentina Bustos

 

Jaime Alberto Carmona Parra es psicólogo de base, magíster en Ciencias Sociales, doctor en Psicología Social y profesor de la Universidad de Manizales. Pero más allá de su prominente carrera académica es un fiel apasionado y juicioso investigador de un fenómeno que ha puesto a la capital del departamento de Caldas bajo la lupa nacional: el suicidio, un comportamiento que conoció cuando trabajaba atendiendo jóvenes en un consultorio y que después no pudo evadir y sacar de su vida.

Carmona Parra presenta una visión general de esta problemática. Aunque con incógnitas, ya se identifican algunas claridades: la educación sí es un canal de prevención del suicidio; uno de los factores de empuje es la exclusión o que, por ejemplo, la proporción de suicidios consumados es más alta en hombres que en mujeres -en Colombia las cifras indican que por cada mujer que comete el acto, cuatro hombres lo hacen-.

¿Cuáles son los factores de riesgo determinantes que conllevan a cometer este acto?, ¿cómo se hace pedagogía de prevención en los contextos más vulnerables?, Carmona Parra ayuda a resolver algunas de esas inquietudes

 

¿Qué factores de riesgo son determinantes cuando hablamos de suicidio?

 

Es curioso porque en el suicidio el autor material y la víctima son el mismo, pero a veces, el autor intelectual es otro y aunque sea un poco escandaloso decirlo, hay familias suicidógenas y hay dinámicas sociales y en el mundo grupal que incitan a eso. No es gratuito que, en las minorías sexuales y en la comunidad LGBTIQ, las tasas de suicidio sean más altas que en comunidades heterosexuales. También están las minorías étnicas, por ejemplo, personas que son inmigrantes… En las universidades, estudiantes que por cuestiones de estudio dejan a su familia, sus amigos, su tierra y su red vincular, son contextos que incrementan el riesgo en relación con los que no lo son.

Hay otras poblaciones que son vulnerables y tienen que ver con el aislamiento que puede ser producto de la exclusión u otros factores. Justamente estaba leyendo el Informe Forensis, de Medicina Legal 2020 que dice que aproximadamente el 70% de las personas que se suicidaron en ese año eran personas solteras, separadas, viudas o divorciadas y es un tema de soledad y de aislamiento. Porque a veces la soledad es la condición para una buena lectura, para escribir, para la creación artística, pero hay personas que más que solas están aisladas.

 

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¿Cuáles son factores de riesgo determinantes que hacen que Manizales tenga altas tasas de suicidio?

 

Manizales estuvo entre el 2013 y 2018 entre las cinco ciudades con tasas más altas de suicidio. Las primeras eran Mitú y Arauca y luego venía el Eje Cafetero, los tres departamentos con sus tres capitales. Sin embargo, según el informe Forensis, Manizales ya salió de esa lista pero todavía sigue con tasas por encima de la media nacional que está en 5.2 suicidios por cada 100.000 habitantes y Manizales está en 7.4.  No está en la lista de los cinco, pero tampoco está demasiado lejos.

Hay varios factores: esta es una ciudad que tiene migración por temas académicos y lo que hemos notado es que a veces los suicidios que elevan el número de casos y las tasas no son necesariamente de personas que nacieron acá sino de estudiantes que vienen de otros departamentos y que tienen esa vulnerabilidad.

Con esta pregunta entramos en campo de las hipótesis, pero, por ejemplo, hay un autor, un sociólogo famosísimo, Émile Durkheim, que dice que cuando una sociedad atraviesa una gran crisis, viene una especie de resaca en el que se elevan las tasas de suicidio. El Eje Cafetero ha tenido dos grandes crisis en medio siglo: la primera que era una unidad y se partió en tres (Caldas, Quindío y Risaralda) en el año 1964, pero luego vino otro que fue más drástico y que no hay que perderlo de vista y es la caída del Pacto Mundial del Café en 1989.

Con la caída se rompen todas las dinámicas que existían, algunas familias se arruinaron, migraron, convirtieron su finca en una finca hotel que cambia toda la cultura y las tradiciones. El campesino no logra adaptarse con tanta facilidad porque ellos tienen una relación con la tierra, con el oficio, con el contexto que no es la misma de los habitantes urbanos. Y eso nunca se intervino, no se pensó como un gran trauma psicosocial.

“La Organización Mundial de la Salud nos dice que el suicidio es multideterminado, es decir, no tiene una sola determinación y que por ello nos exige una perspectiva interdisciplinar, no se puede explicar solo desde la psicología, la sociología, ni la psiquiatría y la intervención debe ser intersectorial, no lo puede atender solo el Estado, ni el sector privado, ni las comunidades. Requiere un diálogo completo”

 

¿Hay estudios posteriores a la pandemia en relación al suicidio y la salud mental entendiendo que fue un periodo de crisis mundial?

 

Hay una expectativa mundial de que cuando terminen los efectos de la pandemia se elevarán las tasas. La OMS dice que en los últimos 20 años crecieron en un 50% y se espera que en los próximos años también crezca un 50%. Colombia venía con un crecimiento muy fuerte, en el 2013 tenía tasas de 4.2% y en el 2018 llegamos al 5.9%.

 

¿La educación qué papel juega en la prevención del suicidio?

 

Cuando uno mira el Informe Forensis 2020, las tasas más altas de suicidios no se ubican en la población más urbana y más educada o que ha tenido más acceso a la educación sino en población rural de baja escolaridad. Un porcentaje muy alto, yo creo que el 70%, está en personas que solo tienen algunos grados de primaria o algunos de secundaria. Cuando hablamos de técnicos, tecnólogos y profesionales las tasas bajan muchísimo, casi que podemos decir que a medida que incrementa el grado de escolaridad disminuye el riesgo de suicidio.

 

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El suicidio es un tema de conversación muy natural en las universidades, pero, ¿se han volcado esos esfuerzos a que el suicidio sea una palabra común en los colegios, en las veredas, en la ruralidad?

 

Te la voy a contestar con una historia. Hace un tiempo yo era profesor en una maestría y un estudiante quería hacer una investigación sobre el suicidio y por alguna razón él tenía una relación muy cercana con una familia en Marquita, Tolima, de la que era parte una niña que se suicidó en su colegio. Fue un caso muy dramático que pasó por todos los medios de comunicación. Gracias a ese estudiante fuimos a Mariquita dos años después de ocurrido el evento e hicimos algunas actividades de tipo taller con los profesores y sus compañeros. La profesora nos dijo al final: “Nadie había venido a hablar con nosotros” y no era una vereda o un pueblo perdido. Donde más se está necesitando, hay más ausencia de reflexión y de programas de prevención.

“Desde hace unos años la OMS viene instaurando una categoría que es Gatekeeper, que traduce ´el que cuida la puerta´, que busca dar el mensaje de que todos podemos aportar, no solamente los psicólogos o los psiquiatras. Hay que capacitar a maestros, comunicadores, trabajadores sociales, policías y bomberos frente al suicidio”

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