Un nuevo gobierno, ¿Habrá soluciones?

Martes, Agosto 2, 2022

 

¿De dónde han de llegar las soluciones a los más serios problemas actuales y del futuro próximo que enfrenta el país? ¿De sociólogos, de filósofos, de políticos, de columnistas, de economistas…? Aunque todos pueden aportar, los últimos han de proponer, porque la economía ha estado en la base de los grandes problemas sociales registrados en la historia. De todas formas, la ciencia económica anticipa posibles hechos con el fin de que se puedan tomar las decisiones orientadas a que las cosas sucedan de una determinada forma o que no ocurran como se anticipa que pueden pasar; pero usualmente los economistas no son quienes toman las decisiones de política económica.
Son los políticos de turno, los que ostentan el poder en un momento dado. En el caso colombiano, es el líder de un pacto que -ha anunciado- será histórico. ¿Qué significa ser histórico? Que quedará resonando en el tiempo generando más y nuevos hechos. Ya toca confiar que las medidas del nuevo presidente generen los cambios positivos y loables ilusionados por todos los colombianos, y en particular quienes durante décadas han esperado este giro político; otra frustración más daría al traste con las esperanzas.
El candidato ganador prometió en campaña “crear una política de empleo garantizado que proporcionará empleo con un salario básico para quienes no pueden encontrar trabajo de otra manera… El derecho fundamental al ingreso mínimo vital…”. Lo que aún falta por contar es cómo intentará lograr estos y otros objetivos socioeconómicos en medio de un alto déficit fiscal. Porque bien debe saber que muchas medidas económicas llevan dentro el germen de su propia destrucción… como serpientes que engullen su propia cola.
Que el estado integre a buena parte los desocupados, por ejemplo, incrementaría una burocracia ya asfixiante, donde tantos burócratas, para justificar su función, se inventan trabas o normas inútiles para la ciudad y los ciudadanos (como les sucede ahora con tantos trámites obligatorios que no aportan valor a los procesos). Por otra parte, bien se sabe que el Estado no es generador de riqueza y menos de empleos productivos; estos provienen de osados, arriesgados y talentosos empresarios -grandes o pequeños- de los cuales sólo reconocemos a los sobrevivientes. Poner la mirada en ellos para “castigarlos” por el éxito alcanzado tendría un efecto devastador y desmoralizador en quienes pudieran generar nuevos trabajos, sueldo y salarios.
No basta teorizar y condenar la economía extractiva-muscular en favor de la productiva-cerebral, cuando ésta no se implanta por decretos sino por empresarios, con capitales y conocimientos de punta; no de otra manera podremos competir en el mundo globalizado y en la economía del conocimiento contra países desarrollados (de los cuales a menudo nos convertimos en meros imitadores). Otro factor problemático es el creciente desempleo tecnológico. Por mencionar un solo hecho, la nueva tecnología robótica (computacional y con inteligencia artificial) ya amenaza a nuestros motorizados pizzeros y mensajeros con sustituirlos por envíos terrestres y aéreos automatizados. Además, si algo debemos aprender de otras culturas económicamente exitosas como la surcoreana, la norteamericana, la nipona y la china, es el valor de la autoexigencia y del esfuerzo intelectual.
Numerosas variables endógenas y exógenas generan dudas sobre la viabilidad de políticas prometidas que, por ahora, no pasan de ser meras buenas intenciones. En las circunstancias actuales, un gobierno inteligente y sensato no debe mirar la situación y la solución socioeconómica con un solo ojo -sea el izquierdo o el derecho- sino como lo haría el mítico gigante Argos, de quien se dice que tenía cuatro ojos: dos miraban hacia el frente y dos hacia atrás, cubriendo los 360 grados. De no hacerlo, el fenómeno económico conocido como histéresis se impondrá y la actual tasa desempleo, que ronda el 11%, no volverá a bajar.

 

Publicado originalmente en La Patria Manizales, en agosto 2 del 2022. Enlace de la publicación original.

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