Desde la RECTORÍA

 

 
 

Volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad

 

Columna del Rector

El concepto de entornos VUCA, proviene del contexto militar, como quiera que se empezó a usar en los años 90 del siglo XX por los soldados norteamericanos, responde al acrónimo inglés formado por los términos Volatility (V), Uncertatinty (U), Complexity (C) y Ambiguity (A), tal vez sea el que mejor describe las circunstancias actuales para la toma de decisiones gubernamentales y gerenciales en todo el planeta; no solo por la aceleración de las transformaciones en los paradigmas de la denominada economía del conocimiento que ha venido cambiando las formas de vivir y trabajar a una velocidad nunca vista, proceso de transformación que ya venía generando un mundo volatil, complejo, ambigüo y con altos niveles de incertidumbre; un escenario en el que las empresas se ven obligadas a adaptarse a los continuos cambios que atacan su programación estratégica y sus rutinas profesionales; sino también por la presencia de lo que Nassim Taleb ha denominado los cisnes negros para referirse a aquellos acontecimientos que presentan como atributos el estar por fuera de todas las expectativas, producir un gran impacto y pese a su condición de rareza, la naturaleza humana busca explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que, erróneamente, se hace explicable y predecible.

La presencia del Covid-19 puede describirse como un cisne negro, aunque ya diversos prospectivistas y productores de cine habían advertido de la posibilidad de que la humanidad fuera atacada por un virus mortal, poca trascendencia habían tenido estas advertencias, considerándolos como elementos propios de la ficción; sin embargo, una vez más la realidad ha superado la ficción; de acuerdo con el desarrollo de la actual crisis se puede decir que la humanidad a pesar de todos los avances científicos no estaba preparada para hacerle frente a esta nueva realidad, lo que incrementa la incertidumbre y la complejidad de la situación.

Desde la perspectiva económica se han efectuado muchos análisis como es propio de esta ciencia, tratando de anticipar el futuro con el fin de que se tomen las decisiones que contribuyan a que los peores escenarios no sucedan; no obstante el uso de sofisticadas herramientas de proyección y predicción, todos los análisis van quedando fuera de foco al incrementarse la volatilidad de las diversas variables que sirven como referentes analíticos, lo cual aumenta la incertidumbre, haciendo más difícil los procesos de planificación de la economía y de las estrategias organizacionales. En este sentido, es necesario destacar que las proyecciones de recuperación de la economía, hoy se ven afectadas entre otros elementos, por la incertidumbre con relación al comportamiento del virus, el inicio del proceso de vacunación en los países desarrollados y en algunos latinoamericanos permitiría anticipar un 2021 que empezaría a marcar la senda de la recuperación económica; sin embargo, en aquellos países dónde se ha iniciado el proceso de vacunación, están teniendo momentos difíciles en el tema de salud humana, lo cual esta obligando a los gobiernos tomar decisiones que afectan la salud de la economía, por lo cual no resulta fácil anticipar finalmente que rumbo tomarán los indicadores económicos del presente año; de esta manera, la flexibilidad en la toma de decisiones es un elemento fundamental para el futuro económico y la perdurabilidad de las diferentes organizaciones que le dan vida al sistema económico, por lo tanto, la adaptabilidad se ha vuelto un elemento fundamental en las competencias de los seres humanos y sus organizaciones.

En este orden de ideas es necesario replantear el uso de las herramientas con las cuales se ha venido analizando el comportamiento de la economía cuya formulación ha permitido a sus creadores obtener importantes galardones como el premio Nobel de Economía, tales como el modelo de mercados y jerarquías de Oliver Williamsom, que respondía de una manera adecuada la pregunta del también Nobel de Economía Ronald Coase sobre la naturaleza de la firma; pero que tal vez, ya no sirven más para explicar una economía altamente globalizada que usa información digitalizada y que se mueve en un mundo de volatilidad, ambigüedad, complejidad incertidumbre.

Martes, Enero 5, 2021   El incremento del 3,5% en el salario mínimo legal vigente en Colombia para 2021 como es natural ha generado diversas reacciones, todas ellas con alguna razón si se analizan desde el punto de vista tenido como referente para su análisis. De un lado, se podría decir que un incremento de este porcentaje cuando la inflación del año 2020 se espera sea inferior al 2% representa un incremento pequeño en el salario real de quienes devengan el mínimo legal, este es el punto de vista de la ANDI; resulta cierto desde la perspectiva de la diferencia entre el índice de precios al consumidor y el aumento del salario, lo que es conveniente partiendo de un año en el que el cambio en el producto interno bruto tendrá un comportamiento negativo, por lo cual esa pequeña diferencia podría contribuir a incrementar el consumo. De otro lado, se plantea que se trata de un incremento miserable de sólo $30.723 al mes aproximadamente $1.000 diarios, lo cual no va a contribuir a la recuperación de la economía, dado que no se ha entregado capacidad de consumo a un segmento de la población que presenta una alta propensión marginal a consumir, lo cual desde la perspectiva de la teoría económica debería contribuir a incrementar el consumo y por esa vía reactivar la economía y generar nuevos puestos de trabajo entrando en un círculo virtuoso de crecimiento, tal como lo propuso Keynes como solución a la crisis económica de principios del siglo pasado. En sentido contrario se señala que se trata de un incremento que puede contribuir a generar nuevos puestos de trabajo toda vez que no tiene un impacto fuerte en los costos laborales, lo cual puede permitir que las empresas puedan no solo mantener el actual nivel de empleos, sino crear nuevos puestos de trabajo, frente a esto aparecen estudios que han indicado que la demanda de mano de obra es inelástica al precio, lo que significa que por más bajo que esté el salario no crecerá la demanda de mano de obra mientras las demás variables que afectan el mercado de trabajo permanezcan constantes.

Desde el punto de vista de quienes no tienen empleo tal vez el aumento del salario mínimo no tenga ningún sentido; lo mismo que para aquellos que por sus trabajos informales ni siquiera llegan al nivel definido por el decreto gubernamental; quizá un desempleado podría haber esperado que el salario no presentara un crecimiento importante para tener una mayor esperanza de acceder a un puesto de trabajo, así sea sin disfrutar del incremento anunciado.

Estos y muchos otros puntos de vista pueden aparecer y cada uno desde su orilla, sin la mirada sistémica de la complejidad del mercado laboral colombiano, tendrán razón en sus cavilaciones; en este sentido, una verdad que también puede resultar parcializada es que el pequeño empresario es el que más puede sentir los efectos directos de la decisión del gobierno, toda vez que por lo general sus negocios son intensivos en mano obra, por lo cual, una variación en el salario repercute de manera directa en su competitividad, hay que recordar que en Colombia el 90% de las empresas solo generan el 30% del PIB, pero son responsables del 65% del empleo, lo que ratifica que son intensivas en mano de obra y no en capital, esto es que tienen bajos niveles de incorporación de tecnología. En una circunstancia como las que vive el país lo que resulta urgente es proteger el empleo, con estos datos se puede hacer un mejor análisis sobre qué tan conveniente o inconveniente resulta la decisión gubernamental.

A lo mejor la gran discusión y decisión de política económica en el país ni siquiera debería ser el salario mínimo, tal vez, podría resultar más conveniente discutir y decidir sobre cambios más profundos, tales como: la inversión en ciencia tecnología e innovación que permita complejizar el aparato productivo nacional y generar empleos de calidad, reforma agraria estructural, educación pública, reformas estructurales a la administración de justicia, erradicar la corrupción, un mejor sistema de salud, un sistema tributario que no sobrecargue los niveles de ingresos medios y sobre todo que la acción del estado llegue a todos los territorios del país.

Martes, Diciembre 1, 2020

Al aproximarse el cierre de uno de los años más díficiles para la humanidad en el pasado reciente se hacen todo tipo de balances, para el caso de la economía de un país el principal indicador de su comportamiento es el Producto Interno Bruto (PIB), indica el comportamiento de la producción al interior de las fronteras, resultado de la actividad de los diferentes sectores económicos independiente de si los propietarios de las organizaciones que generan la producción son nacionales o extranjeros, por esto los analistas, los empresarios el gobierno y en general todos los interesados en el comportamiento de la economía están pendientes de su evolución y de las proyecciones de la autoridad económica y de los analistas sobre su crecimiento para cada periodo de análisis; en este sentido, para el año 2020 se hacen estimaciones de un crecimiento negativo del PIB en un rango entre el -5,5% y  -8,5%.

Estos indicadores son el resultado del impacto económico negativo de las medidas de confinamiento para enfrentar la emergencia sanitaria generada por la pandemia (covid-19), a lo cual se ha sumado la caída en los precios del petróleo que significa una disminución de los ingresos de divisas al país y al mismo tiempo genera una devaluación del peso frente al dólar estimulando las importaciones y desestimulando las exportaciones.  Las consecuencias se sintieron en el mercado laboral con una caída de 2,4 millones de ocupados, entre empleos formales e informales, equivalente al 11% de los ocupados, con respecto al mismo periodo de 2019, mientras que la tasa de desempleo se elevó al 16,8%.

 El PIB del segundo trimestre de 2020 decreció un 15,7% en términos anuales, contracción que refleja el impacto de las medidas de contención de la pandemia expresado en el desplome de la producción y la demanda agregada. El desempeño de las distintas ramas se vio en mayor o menor medida afectado, según la posibilidad de realizar actividades remotas o la capacidad de usar las tecnologías de la información y la comunicación para adaptarse. Los sectores con mayor contracción fueron el comercio, la industria y la construcción, con caídas de entre un 25% y un 35%. Solamente las actividades inmobiliarias y financieras crecieron de forma modesta.

En el tercer trimestre de 2020, el PIB presentó una disminución del 9,0% respecto al mismo período de 2019, lo que indica una tendencia a la recuperación con relación al comportamiento del segundo trimestre del año, gracias a la reapertura de algunos sectores. Respecto al trimestre inmediatamente anterior, el Producto Interno Bruto crece en 8,7%, en su serie corregida de efecto estacional. Según los datos publicados por el DANE, el crecimiento observado en el Producto Interno Bruto del tercer trimestre de 2020 con respecto al segundo trimestre del mismo año se explica principalmente por la dinámica de sectores como las industrias manufactureras que crecieron 23,4%; el comercio al por mayor y al por menor; la reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 22,3%; las actividades artísticas, de entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios; Actividades de los hogares individuales en calidad de empleadores creció 12,3%.

Para el año 2021 se espera que la economía colombiana inicie una senda de recuperación, se tiene la expectativa de un crecimiento del Producto Interno Bruto en un rango entre el tres y el cinco punto cinco por ciento, lo cual podría llevar la economía a un nivel igual al que tenía al cierre del año 2019; la recuperación del empleo estará determinada por los sectores que estén dinamizando la actividad económica; de esta forma, se requiere por parte del gobierno la adopción de políticas de choque que contribuyan a incrementar la generación de nuevos puestos de trabajo y de esta manera el desempleo y el consiguiente bajo poder adquisitivo de las familias no se conviertan en un obstáculo al crecimiento económico.

Martes, Diciembre 15, 2020
La búsqueda del pleno empleo ha sido históricamente una preocupación de gobiernos, empresarios, trabajadores y analistas, desde diferentes orillas se proponen alternativas para orientar la política de empleo; para el caso colombiano, se han intentado varios caminos que se han expresado en las diversas reformas laborales adoptadas en diferentes momentos de la historia del país, y se siguen explorando otros; es así como en la actualidad cursa en el Congreso un proyecto para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, lo cual tendrá importantes implicaciones sobre las finanzas de las organizaciones que operan en el país, en términos reales esta reducción significa un crecimiento de los costos de producción del 16,66% toda vez que por el mismo salario se trabajarán 8 horas menos en la semana; en las actuales circunstancias, con una alta tasa de desempleo, causada en buena parte por la circunstancia especial de salud  que ha padecido la humanidad, y la otra parte estructural que ya venía antes de esta circunstancia, resulta inoportuno un incremento en los costos laborales de este tamaño; si esta medida se llegara a tomar significaría un obstáculo adicional a la recuperación de los puestos de trabajo perdidos por la pandemia, pero también un freno a la generación de nuevos empleos que permitan reducir el desempleo estructural que se traía antes de la pandemia. Un argumento que se ha presentado a favor de la iniciativa es que la gente con mayor disponibilidad de tiempo para el ocio podría tener una mayor productividad al vincularse a su jornada laboral, teniendo como argumento que países con jornadas laborales de menos tiempo tienen altos niveles de productividad; sin embargo, no se ha considerado que estos países han llegado a sus jornadas laborales reducidas por una vía diferente que es la incorporación de altos niveles de ciencia, tecnología e innovación lo que ha llevado a un incremento de la productividad que los ha hecho más competitivos, al mismo tiempo ha generado una alta demanda de nuevos puestos de trabajo y a bajos niveles de desempleo, lo cual ha permitido esas reducciones en las jornadas laborales; pero tampoco se ha tenido en cuenta que son países donde no existe el alto número de días festivos que hay en Colombia. De otro lado, se plantea que una mayor disponibilidad de tiempo de los trabajadores podría implicar un mayor consumo lo que contribuiría a dinamizar la economía; sin embargo, la mayor dinámica del consumo generalmente está de la mano de un mayor nivel de ingreso disponible de la población, y acá no está vinculada con un crecimiento importante en el ingreso disponible de la población. Otro aspecto relacionado con la vida laboral colombiana que se ha discutido tiene que ver con la coyuntura actual; en la cual, el crecimiento negativo de la economía ha implicado también una disminución de la productividad; en estos términos, esta iniciativa sería un elemento adicional para bajar el nivel de productividad del trabajo; lo cual llevaría al mismo tiempo a una disminución en la productividad total de los factores de producción; no se puede olvidar que en general la economía colombiana es intensiva en mano de obra y no en capital; por lo cual, lo que se tiene que buscar en el largo plazo es una transformación de la relación capital trabajo de tal manera que se incremente la productividad total de los factores y por esta vía generar las condiciones para poder bajar la jornada laboral; uno de los caminos por los cuales se puede llegar a esta condición es incrementando la inversión en  educación, ciencia y tecnología; de tal manera que el mejoramiento del capital humano y su consecuente incremento de la productividad sea la condición que permita la adopción de medidas como la que se viene discutiendo. Seguramente resulta muy popular y muy atractivo proponer que los trabajadores tengan más tiempo libre manteniendo el nivel de ingreso; pero también es cierto que en las actuales circunstancias del país con altos índices de desempleo, con sectores económicos que aún no logran recuperarse de los efectos del freno a la economía por la situación de salud, no resulta responsable adoptar este tipo de decisiones; tal vez el camino sea otro; más bien con urgencia se debería estar trabajando en la implementación de mecanismos que permitan a las empresas generar nuevos puestos de trabajo pero con mayor productividad, no generación de puestos de trabajo marginales por la vía del incremento de los costos laborales que al final redundarán en desestimulo a la producción y por lo tanto al empleo. 

Martes, 17 de noviembre, 2020

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) contenido en el documento “Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe” desde marzo del 2020, la evolución de los mercados laborales de América Latina y el Caribe ha estado asociada a la crisis sanitaria. Los mayores efectos sobre el mercado laboral se sintieron en el segundo trimestre del año, en el que se perdieron en la región aproximadamente 47 millones de empleos con respecto al mismo periodo del 2019.

Un número alto de las personas que perdieron su trabajo no han logrado un rápido reintegro laboral y en algunos casos han decidido retirarse de la fuerza laboral debido a las restricciones a la movilidad o por la dificultad para encontrar un nuevo puesto de trabajo, lo cual ha contribuido a bajar la tasa global de participación hecho que no permite una medida más clara de los verdaderos efectos de la pandemia sobre el nivel de desempleo en los diferentes países de la región.

Además de esta importante caída del empleo, muchas de las personas que conservaron su trabajo han sufrido una merma de sus ingresos, debido tanto a acuerdos con el empleador, como a la reducción de las horas trabajadas. Este choque sin precedentes ha hecho que, a través de diferentes canales, caigan considerablemente los recursos disponibles de los hogares, lo que no solo ha deteriorado su calidad de vida, sino que en muchos casos ha llevado a un mayor endeudamiento, y ralentizará la reactivación económica a causa de la debilidad de la demanda de consumo.

Otro fenómeno que se incrementó es el de los denominados ocupados ausentes de su puesto de trabajo; se consideran como tales a las personas que no han trabajado en el período de referencia, pero mantienen un vínculo laboral con su empleador y tienen una expectativa justificada de volver al mismo puesto de trabajo. En general, la mayor parte de las personas contabilizadas de esta manera se encuentra de vacaciones o tiene una licencia. En el contexto de la crisis sanitaria, muchas empresas tuvieron que cesar sus actividades por las medidas de contención de la covid-19, por lo que sus empleados no pudieron laborar, aunque no hayan sido despedidos y tienen la expectativa de volver a su puesto de trabajo. De igual manera, los datos disponibles indican que la pérdida de empleo en la región fue generalmente mayor para las personas con menores niveles de educación formal que para las personas con estudios superiores, caso similar se ha podido observar en Manizales.

La situación presentada afecta de una manera importante las posibilidades de recuperación económica de la región debido al efecto que tiene sobre la demanda de bienes y servicios como consecuencia de la caída de los ingresos familiares, lo cual hace necesaria una intervención de los gobiernos desarrollando proyectos que incrementen la demanda de mano de obra. De otro lado, es un hecho que puede afectar las expectativas de incremento del salario mínimo que se debe definir en algunos países como Colombia para el siguiente año.

Martes, 3 de noviembre, 2020

La negociación del salario mínimo, un tema que tradicionalmente inicia en esta época del año, ocupa un lugar importante en la agenda del Gobierno nacional, las centrales obreras y los empresarios. En las actuales circunstancias de la economía nacional e internacional reviste una mayor importancia por las implicaciones que puede tener en el proceso de recuperación de los diferentes indicadores económicos esperada para 2021 y que seguramente estarán influenciados por la evolución que tenga los brotes y rebrotes del virus que afecta por este tiempo al planeta entero; otro factor que le da un toque especial a la decisión sobre la remuneración de los trabajadores para el próximo año, está asociado a las dificultades en los mercados internacionales y las limitaciones en el comercio exterior derivadas de los controles de bioseguridad que la mayor parte de los países han adoptado.

En esta perspectiva es necesario evaluar las implicaciones que la remuneración básica del trabajo tendrá como elemento que, por un lado contribuye a generar demanda de bienes y servicios, pero por otro lado, se convierte en un costo que afecta la competitividad de los bienes exportables, factor crítico en un momento en el que se ha vuelto imperativo encontrar nuevos mercados para la producción nacional como respuesta a las dificultades en los mercados internos; de la misma forma, se debe considerar que los costos laborales tienen un importante efecto sobre la generación de nuevos puestos de trabajo y la conservación de los existentes, especialmente en pequeñas empresas.

Desde el lado de la demanda, si el aumento del salario mínimo se ubica cercano a la tasa de inflación, lo único que hará es recuperar el poder adquisitivo de los salarios sin tener un efecto positivo en el incremento del consumo, factor determinante de la recuperación de la dinámica económica interna; en este sentido, se debe considerar que los trabajadores que ganan el salario mínimo tienen lo que los economistas llaman una alta propensión marginal a consumir, esto indica que un incremento en el salario tendrá un efecto mayor en el consumo; por lo tanto, se puede convertir en un efecto multiplicador sobre la generación de nuevos puestos de trabajo y de recuperación de la economía. Por lo tanto, desde este punto de vista se esperaría que se autorice un aumento del salario mínimo superior no sólo a la inflación causada en 2020, también superior al índice inflacionario esperado para 2021.

Del lado de los costos de producción y sus efectos sobre la competitividad tanto de los bienes exportables colombianos, como también para aquellos que están dirigidos al mercado interno; se esperaría que el salario mínimo no tenga un crecimiento que pueda afectar la dinámica exportadora al encarecer la producción nacional con relación a la extranjera, no sólo dificultando la búsqueda de nuevos mercados internacionales, sino haciendo más competitiva la producción de otros países en el mercado interno, lo que necesariamente estaría facilitando los procesos de importación de bienes y servicios, afectando de manera negativa la generación de nuevos puestos de trabajo y por lo tanto la capacidad de consumo interno. De esta manera, si el incremento del salario mínimo es muy alto como lo pretenden las centrales obreras se puede generar un efecto negativo sobre las expectativas de los empresarios, quienes se verían frente a la posibilidad de buscar mercados laborales de menor costo para afrontar con una mayor competitividad la competencia propia de una economía globalizada. También es importante considerar que en una situación de altos niveles de desempleo favorece a quienes estén ocupados, pero reduce las expectativas de un puesto de trabajo para quienes están excluidos del mercado laboral.

Sin lugar a dudas, es una decisión difícil en la cual unos y otros, empresarios, trabajadores y Gobierno deben tener en cuenta las implicaciones que sobre la recuperación de la economía y la dinámica del empleo tiene el incremento del salario mínimo; pero también, es necesario considerar las implicaciones sociales que tiene el salario mínimo que se determine para el nuevo año.

Martes, 20 de octubre, 2020

Uno de los principales efectos económicos de la pandemia se ha visto reflejado en el crecimiento de la tasa de desempleo; más allá de las cifras, es importante analizar las implicaciones que tiene una caída del empleo como la que se viene observando en Colombia durante los últimos meses. El desempleo es de los principales problemas de una sociedad y se debe a que el flujo de entrada de personas a la población económicamente activa es mayor que los flujos que puede absorber el sistema productivo o, como ha ocurrido en la coyuntura actual, por la destrucción de puestos de trabajo por un factor no económico.

En el caso colombiano, la baja capacidad de absorción se encuentra asociada con las bajas tasas de inversión tanto del sector público como del privado, resultantes a la vez de la baja capacidad de generar ahorro interno. Si la inversión no aumenta significativamente, las posibilidades de crecimiento económico en el largo plazo y las posibilidades de disminución de las tasas de desempleo serán reducidas. En los últimos meses esto se ha visto agravado por la destrucción de puestos de trabajo como consecuencia de las restricciones a la movilidad de las personas y la operación de algunos sectores de la economía grandes demandantes de trabajadores.

Además de las implicaciones económicas del desempleo; es importante analizar las consecuencias de tipo social, ya que la forma natural de vinculación del ser humano con la sociedad es el trabajo; por lo cual, se constituye en un elemento inseparable de la naturaleza humana, con una dimensión adicional, el progreso social se asocia en primera instancia con la ejecución de una ocupación útil y en segundo lugar el progreso y calificación de una labor como medio de mejoramiento de la calidad de vida y acceso a formas superiores de uso del tiempo disponible. Existe otra dimensión que no puede ser subestimada, y se ubica en el plano psicológico y espiritual. La persona no solo necesita trabajar, necesita ser necesitada; la valoración y autoestima están condicionadas por este componente central de las relaciones humanas y su subestimación puede conducir a una incorrecta valoración del costo social del desempleo.

En general, los análisis más economicistas del costo del desempleo lo vinculan con la falta de utilización en el proceso de producción de la fuerza laboral desempleada, por lo tanto, la pérdida será igual a lo dejado de producir por ésta población; el desempleo repercute con una mayor intensidad cuando se considera estructural, porque se prolonga por varios años, toda vez que puede llegar a imposibilitar a la persona para el retorno al mercado laboral, por perder el hábito y la disciplina para incorporarse a las rutinas que implica el ejercicio de un determinado empleo o mantener la concentración requerida para ejecutar un trabajo; esto no ocurre cuando el desempleo es friccional, o sea aquel que se produce cuando en la economía una parte de la población está desempleada por poco tiempo, debido a la existencia de una rápida rotación, resultante del ajuste de las empresas a los cambios del entorno en presencia de un mercado laboral muy flexible que responde a estos ajustes; también se considera desempleo friccional el resultante del proceso natural de rotación de los trabajadores de un puesto de trabajo a otro.

Las actuales cifras de desempleo en Colombia tienen dos componentes, por un lado está el desempleo estructural que se observaba antes de la pandemia, y por la otra el desempleo friccional que resulta de las medidas restrictivas de los gobiernos nacional y local a la movilidad de las personas; sin embargo si no se logra una pronta recuperación de la actividad económica, lo que hoy se puede calificar como desempleo friccional podría convertirse en desempleo estructural, por lo cual es necesario la adopción de medidas de política económica que contribuyan a recuperar los puestos de trabajo perdidos en los últimos siete meses.

Martes, 6 de octubre, 2020

En las actuales circunstancias que vive el país resulta importante hacer una reflexión en la perspectiva de la teoría institucionalista, que plantea el grado de institucionalidad como un conjunto de reglas que organizan las interacciones económicas, sociales y políticas entre los individuos, los grupos sociales y el estado, caben en esta órbita las políticas públicas, las distintas modalidades de asociatividad de la sociedad civil y, en general, las diversas formas de regulación de la conducta de los individuos.

En este sentido, las instituciones son un factor fundamental para la existencia de confianza en una sociedad; por lo cual, son consideradas como limitaciones o restricciones concebidas por los humanos; que estructuran una interacción política, económica y social basada en la confianza, resultado de unas reglas de juego claras y respetadas por todos los asociados, pero también con un estado fuerte con capacidad para hacerlas cumplir. Las instituciones consisten de un lado, en limitaciones informales (sanciones, tabús, costumbres, tradiciones, y códigos de conducta), y de otro lado en reglas formales (constituciones, leyes, derechos de propiedad).

En el sentido más amplio del término, las instituciones son el conjunto de reglas que articulan y organizan las interacciones económicas, sociales y políticas entre los individuos y los grupos sociales; son construcciones históricas que, a lo largo de su evolución (origen, estabilización y cambio) los colectivos erigen expresamente. Las instituciones en un país asumen características peculiares, de acuerdo con los rasgos estructurales dominantes de una determinada economía y sociedad, y por supuesto es importante la influencia de los valores, tradiciones culturales y religiosas y, en general, de las convenciones existentes. Un conjunto cualquiera de reglas solo se transforma en institución cuando se comparte su conocimiento y se acepta su cumplimiento, voluntariamente o coercitivamente impuesto por el estado. Las instituciones, sin su correspondiente socialización, aprendizaje y transmisión, solo serian construcciones formales, pero sin viabilidad económica, política y social, porque nadie sabría siquiera de su existencia o de su operación.

En este orden de ideas, lo que estamos viviendo en el país es un desprestigio de la institucionalidad y la pérdida de capacidad del Estado para hacer respetar las reglas de juego que por medio de las costumbres y las leyes nos hemos dado los colombianos a través de un poco más de doscientos años de historia republicana; lo cual, no podría decirse que es culpa de uno u otro gobierno, sino que es el resultado de la descomposición social que se ha generado en diversas prácticas de la sociedad que incluyen el favorecimiento del enriquecimiento rápido sin apego a los valores éticos, y esto no implica solamente el narcotráfico y otro tipo de formas delincuenciales que el país ha padecido a lo largo de la historia; sino también, el aprovechamiento del Estado para el beneficio individual o de pequeños grupos; además incluye otras formas de corrupción menos visibles y tal vez menos criticadas, pero que igualmente constituyen aprovechamiento de los bienes colectivos en beneficio individual, tales como no asumir las responsabilidades derivadas de diversos contratos que se suscriben entre privados o entre lo público y lo privado; creer que las normas solo deben ser respetadas cuando es inminente la posibilidad de una sanción; no entender que el ejercicio de los derechos individuales promulgados por la modernidad también deriva en deberes para con el resto de la sociedad. Si se desea un cambio en la actual tendencia a la desinstitucionalización del país es necesario un compromiso serio de cambio en cada uno de los seres humanos que hacemos parte de él, en el sentido de respetar todo tipo de normas por simples que estas parezcan; además de respetar las instituciones formalmente establecidas.

Lunes, Septiembre 21, 2020

De acuerdo con el Boletín Económico Regional del Banco de la República, la economía del Eje Cafetero decreció durante el segundo trimestre de 2020 frente al mismo período del año anterior, esto debido al descenso en diferentes actividades, como la producción industrial, las ventas del comercio, la actividad hotelera, el transporte, y la construcción, consecuencia de las medidas restrictivas adoptadas ante la covid-19. Retrocedieron también el consumo de energía, las exportaciones y las importaciones de materias primas y bienes de capital, en línea con la menor actividad industrial; además, disminuyeron las remesas recibidas del exterior, de gran importancia como fuente de ingreso de los hogares. En contraste, en la actividad agrícola se destacó la cosecha cafetera y el abastecimiento de alimentos a diferentes zonas del país. Por su parte, el desempleo aumentó a porcentajes históricos en las tres capitales de la región y su inflación se redujo, llegando a ser negativa en Pereira.

Lo anunciado da cuenta de una situación económica complicada en la cual el crecimiento del desempleo genera una disminución del ingreso disponible por de las familias, a lo cual se le suma la disminución de los ingresos por remesas provenientes del exterior, que en esta parte del país especialmente en Risaralda históricamente han representando una fuente importante de financiación del gasto familiar. Por lo tanto, las empresas no solamente se han visto afectadas por tener que seguir asumiendo los costos fijos con niveles de producción reducidos o cercanos a cero; sino también, por la menor demanda en el mercado local, nacional e internacional; esta afectación seguramente es mucho más fuerte en el sector de las microempresas que son más dependientes de los mercados locales.

La medición señalada solo tiene en cuenta datos hasta junio, es posible que en el tercer trimestre que se toma datos hasta septiembre se pueda observar una leve recuperación en los diferentes indicadores gracias a las medidas de apertura gradual de la economía que se dieron en agosto y a la ampliación de esta en septiembre, quedando solo algunos sectores con restricciones más amplias; aquellas empresas que lograron sobrevivir a la difícil situación seguramente tendrán un proceso de recuperación gracias a la disminución del empleo y con ello la capacidad de gasto de las familias.

No obstante lo anterior, es importante destacar que la recuperación no será tan rápida como la caída, en esto influyen elementos como las expectativas de los diferentes agentes económicos que toman precauciones en cuanto a control del gasto; la capacidad de los gobiernos locales y del gobierno nacional para intentar dinamizar la economía por la vía del aumento del gasto público, la cual se ha visto afectada no solo por los efectos del mayor gasto para hacer frente a los temas de salud; sino también, por menores recaudos tributarios, que según cifras de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, en el primer semestre se dejaron de recaudar 11 billones de pesos; lo que ha llevado a un crecimiento de la deuda pública por encima del 60% del PIB.

De todas formas, la recuperación de la economía regional tiene una fuerte dependencia de la dinámica de la economía nacional e internacional y de la capacidad de las empresas del territorio para recuperar sus flujos tradicionales de bienes, servicios y monetarios, de la capacidad de los gobiernos locales para gestionar nuevos proyectos de infraestructura con cofinanciación del gobierno nacional o con recursos propios. La prioridad de las administraciones públicas locales para lo que resta de su gestión y prioritario en su plan de desarrollo en el contexto actual, será impulsar con fuerza y articuladamente con las fuerzas vivas del territorio ambiciosos programas y proyectos de reactivación económica. Desde la Universidad de Manizales seguiremos haciendo seguimiento a la coyuntura económica regional con el propósito de ser faro de análisis para la sociedad y en la toma de decisiones en diferentes ámbitos de lo público y lo privado.

Duván Emilio Ramírez Ospina habla del convenio de la IPS Pausa de la UManizales con Confa.

La Universidad de Manizales recibe la visita del alcalde del municipio de Arauca (Arauca) para buscar alianzas estratégicas.

Diálogos en BC Noticias – Universidad de Manizales

Duván Emilio Ramírez Ospina rector de la Universidad de Manizales en entrevista para NotiCaldas

Retos de la Universidad de Manizales Duván Emilio Ramírez Ospina, rector de la UManizales

UMFM jueves 08 de octubre

UMFM lunes 28 de septiembre

Buenos días.

Un cordial saludo a todas las personas que nos acompañan en este recinto y a quienes nos están siguiendo de manera remota. A mí me hubiera gustado tener este auditorio lleno, hubo muchas personas que me llamaron o escribieron para estar aquí presentes, pero las circunstancias que vive el país y el mundo nos lo impiden.

Quiero saludar y agradecer a las autoridades y a las personas que me han enviado su saludo: a la Ministra de Educación, María Victoria Angulo, al Gobernador de Caldas, Luís Carlos Velásquez, al señor Alcalde, Carlos Mario Marín y a todas las personas que nos han enviado mensajes: profesores de la universidad, egresados, estudiantes, administrativos.

Primero quiero agradecer a muchas personas que han tenido que ver en que yo hoy esté asumiendo este cargo, el más significativo y el más importante de mi vida profesional. Son muchas personas, no alcanzaría a mencionarlas.

Agradecer al Dios de mis padres por permitirme esta oportunidad, a mi familia: a mi padre que hoy seguramente nos acompaña desde otra dimensión, por haberme enseñado el valor del trabajo honesto y dedicado; a mi madre, que tengo la fortuna de que esté en este recinto, quien, siendo una mujer de origen campesino y sin mucha formación académica, comprendió y me enseñó el valor de la educación en la transformación de generaciones de seres humanos y de sociedades enteras. Aquí quiero contar una anécdota, una frase que todavía está en mi memoria y recuerdo hoy, cuando yo era joven y nos enfrentábamos a la dificultad propia de una familia colombiana, caldense, de bajos ingresos, campesina, para poder continuar mis estudios, para no desertar del sistema educativo. Mi madre siempre decía que haría todo lo que estuviera a su alcance para que yo pudiera estudiar porque no me quería ver a la cola de un azadón. Espero haber cumplido y haber hecho mi parte. Muchas gracias, mamá.

A mi esposa Gloria Esperanza Ospina, por ser mi compañera de viaje durante 36 años; hemos pasado momentos difíciles, muy difíciles, pero también muy buenos momentos; a mis hijas Constanza y Lorena, porque se convirtieron en la energía vital de mi vida; a mis nietos María Fernanda y Pedro, porque han representado la repotenciación de esa energía vital que me ha movido; a Nicolás el esposo de mi hija Constanza, porque con su dedicación a la familia y a los hijos cada día me ayuda a evocar la niñez de mis hijas lo cual me inspira para continuar avanzando. Con ellos también me disculpo por todas mis ausencias para atender los diferentes procesos y compromisos que me han traído hasta aquí. Este camino me ha obligado a muchas ausencias, en todos los procesos de formación que hemos tenido que emprender.

Quiero agradecer a todos mis compañeros de la Universidad de Manizales: empleados, profesores, graduados, administrativos. A mis compañeros de estudio que hoy están representados por Leonardo Orozco. Mis compañeros de estudio en la formación como economista, me dieron la oportunidad de ser su representante ante el Consejo Académico de la Universidad.

También a los demás compañeros de trabajo en la Universidad y aquí voy a contar un secreto, que ha estado guardado por más de 12 años, secreto que tenía con una compañera muy querida de todos nosotros, quien ya está retirada. María Medellín fue la primera persona que soñó que yo podría ser rector y me lo dijo. Yo le dije: no diga eso que nos echan a los dos, fue lo que se me ocurrió decirle. Ella me dijo que sería un secreto entre los dos y siempre me preguntaba cómo iba nuestro secreto… creo que ahora va muy bien. Una vez le decía yo al Dr. Guillermo Orlando Sierra que mi aspiración a la rectoría era más una aspiración de algunos amigos que mía. Y esa aspiración hoy se está concretando.

Quiero agradecerle muy especialmente a todas aquellas personas que han hecho parte de mis equipos de trabajo durante 22 años, que tuve la oportunidad de ser decano, en diferentes momentos y en diferentes facultades. Con todos ellos hemos hecho recorridos importantes y creo que eso ha sido muy representativo para este logro.

Quiero agradecerle al Profesor Guillermo Orlando Sierra, por haber confiado en mí y permitirme ser Decano durante los últimos 10 años; juntos emprendimos muchas cosas, en algunas estuvimos de acuerdo, en otras no. A todos los compañeros del equipo de trabajo de la administración que hoy termina, que han sido mis compañeros durante todos estos años, por haberse esforzado por llevar la Universidad al sitial de honor que actualmente ocupa. Un lugar muy importante de mi gratitud para los fundadores de la Universidad de Manizales, encabezados por Hugo Salazar García, que supieron interpretar los anhelos de educación de la población manizaleña de la época, que tenía pocas oportunidades de acceder a la educación superior y encontraron en esta increíble aventura esa oportunidad: yo mismo soy el resultado de ello.

Un agradecimiento eterno al Consejo Superior por haberme confiado los destinos de la Universidad; a los profesores, los tres Diegos, Hernández, Ocampo y López, Fredy Betancur; Beatriz Mejía; los estudiantes Mateo Rodríguez, Nicolás Quintero, Juliana Loaiza, Luís y Alfonso Delgadillo; a los representantes del estamento administrativo, María Isabel Urrego y Yon Alexander Salazar; a los Decanos Néstor Castaño y Gonzalo Tamayo; a los representante de los graduados Carlos Arturo Buriticá, y Arison Riascos. Dedicaré los próximos cuatro años de mi vida a honrar el compromiso adquirido cuando confiaron en mis capacidades para asumir este reto.

Finalmente, quiero agradecer al nuevo equipo de trabajo por aceptar acompañarme en este camino que hoy emprendemos; de ellos también espero su mejor esfuerzo y dedicación, las circunstancias que vive el país y el mundo así lo exigen.

Recibimos la Universidad en un momento especialmente difícil para la humanidad, que nos ha obligado a un cambio en todas nuestras rutinas y prácticas habituales, que amenaza la estabilidad de todo tipo de organizaciones, genera incertidumbre y pone en peligro permanente la vida misma; sin embargo, como miembros de una comunidad académica, tenemos confianza que finalmente la ciencia encontrara una salida.

A pesar de lo anterior, reconocemos una Universidad fuerte que lleva en su ADN la capacidad para superar la adversidad y la dificultad; no puede ser de otra forma en una organización que nace de las entrañas del movimiento cooperativo, que se ha formado en lo que en Colombia hemos llamado la economía solidaria; la cual según los planteamientos de Boff se presenta como una alternativa a la economía capitalista, aún más, como una economía pos-capitalista, porque se encuentra dentro de la era del econozoico y no solo del tecnozoico; está impulsado por los ideales éticos de preservar todo tipo de vida y crear condiciones para el bienestar de todos.

Esta Universidad que para impartir sus primeras clases necesitó aulas prestadas. Creo que la gran mayoría de quienes hemos pasado por la Universidad de Manizales, recordamos los tiempos -o por lo menos nos lo han contado-, que cuando la Universidad tenía aulas prestadas y llegaron a estudiar en la noche, encontraron que tenía candado por una decisión gubernamental. Tal vez en ese momento, no tenía la Universidad, o lo que era más un sueño de universidad, lo más elemental que las circunstancias de la época exigían como elementos básicos para poder hacer una clase e impartir una educación de alta calidad. Pero hoy, 48 años después, aquí estamos, reconocidos como una de las universidades más importantes del país, con acreditación de alta calidad, con una fuerte vocación científica, sin perder la sensibilidad social; firmes a los principios solidarios de los pioneros de Roche Dale; porque nadie puede desconocer que en la Universidad de Manizales se viven y se practican estos principios. Cómo desconocer la presencia de la democracia en una institución en la que estudiantes, profesores, graduados y administrativos pueden elegir sin ninguna interferencia a sus representantes en los diferentes órganos de gobierno corporativo; pero además, tienen diversos mecanismos para ser escuchados; la democracia en esta Institución va más allá de la mera representación, incluye múltiples formas de participación, se puede decir sin temor a equivocarse que somos también una escuela de democracia, comprometida con la formación de ciudadanos.

El principio de la solidaridad sigue estando presente en los pasillos, las aulas, cafeterías, en general en todo el campus universitario, tanto físico como virtual; pero además son una práctica corriente, presente en los diferentes beneficios que se han creado para la comunidad académica, como las becas bien, memo, deportivas, culturales y tantas otras que hoy ofrece la Universidad de Manizales a estudiantes, docentes y personal administrativo. Pero no solo podemos exhibir con orgullo las prácticas solidarias y la vida del principio de la solidaridad en los apoyos de la Universidad hacia sus estudiantes, profesores, administrativos, también en el accionar de toda nuestra comunidad; la vinculación a proyectos de ciudad, de región y de país, que buscan la inclusión de aquellos que están por fuera de las oportunidades que la modernidad nos prometió. Esto lo podemos evidenciar entre otros en los proyectos de Universidad en el campo y Universidad en tu colegio, proyectos de regionalización, educación virtual. De esta forma, además le damos vida al principio fundacional de permitir el acceso a la educación superior a los que están excluidos de ella.

Asumo el liderazgo del rectorado con la firme convicción de que vamos a continuar construyendo sobre lo construido, continuaremos la senda que los fundadores de la Universidad y otros rectores iniciaron. Trabajaremos sobre el resultado de 48 años de historia, que dejan a la Universidad de Manizales con buena solidez financiera y patrimonial, con una fortaleza académica representada en programas de pregrado, especialización, maestría y doctorado, grupos de investigación e investigadores en sitiales de honor en el contexto nacional e internacional y sobre todo con un capital humano bien formado para enfrentar las dificultades que encontremos en el camino; en este sentido es importante destacar lo planteado por Theodore Schultz en su libro invirtiendo en la gente, con el que ganó el premio nobel de economía en 1979, cuando señalaba que el activo más importante que tiene una organización es su gente, pero una gente bien formada, con un estado de salud que le permita hacer uso adecuado de la formación y que esto sirva no solo para mejorar los resultados de la organización, sino también para mejorar las condiciones de vida de la humanidad.

Dedicaremos nuestro esfuerzo a seguir consolidando una universidad presente y actuante en el desarrollo de las regiones, el país y el mundo, que aporte a la construcción del conocimiento universal; con un marcado énfasis en el pensamiento latinoamericano; sin excluir tradiciones de pensamiento de otras latitudes, en la perspectiva de un conocimiento que contribuya a transformar las condiciones de vida de la humanidad. Creemos necesaria la integración social y la desamortización de polos tradicionales de desarrollo, bajo un modelo innovador, flexible y adaptativo a las particularidades de cada región, en esa lógica, pretendemos “ser universidad donde es difícil ser universidad”. Nosotros hemos sido universidad en la vereda La Mermita de Aguadas, en la vereda El Silencio, en el municipio de Samaná, en el corregimiento de Florencia, en Samaná, en la vereda Las Coles, de Pácora y así en muchas otras regiones. Seguiremos siendo universidad en los lugares más difíciles del país. Cuando voy acompañado de la profesora Dora Myriam, Cristian y Ricardo, a las veredas a entregar títulos profesionales, pertinentes para las regiones, me provoca mucha emoción, parecida a la que sentí, cuando estaba iniciando este discurso de agradecimiento a quienes me están acompañando. Cuando saludo a los graduandos y les doy la mano, siento unas manos de unos jóvenes, callosas. Los jóvenes campesinos tienen callos en las manos de estar labrando la tierra, pero que se han formado como profesionales gracias a que hemos llegado hasta allí, evoco mi pasado, mi juventud, como joven campesino de este departamento. Seguiremos siendo universidad, donde es difícil ser universidad: yo decía esta mañana que es fácil ser universidad en la carrera 7ª o en la calle 26 de Bogotá o en el barrio Campohermoso de Manizales, o en el barrio Palogrande, pero ser universidad en estos sitios que he mencionado, no es tan fácil. El mismo Ministerio de Educación en algunos casos, no ha alcanzado a comprender lo que significa ser universidad en estos territorios. Es decir, estaremos presentes en los lugares excluidos por el sistema educativo, en las comunidades marginadas de las oportunidades de educación, con las personas que han sido excluidas por las pruebas de suficiencia en el tránsito de educación media y superior, desde nuevos campos del conocimiento que requieren esfuerzos científicos y de innovación y con emprendedores e instituciones comprometidas con el desarrollo sostenible. Todo esto en sincronía con los pactos globales por la calidad, la Internacionalización, regionalización y globalización, el aprendizaje, la investigación e Innovación y la responsabilidad social..

Uno de los caminos que hemos identificado para lograrlo es trabajar en la generación de una cultura de la sostenibilidad que tiene varias facetas entre las cuales se incluye lo financiero, debemos como organización ser financieramente viables, también debemos ser social y ambientalmente viables; pero debemos ir mas allá de las corrientes institucionalizadas de la sostenibilidad y apostarle a la sostenibilidad de la cultura, la sostenibilidad política, la sostenibilidad de lo público, lo ético, lo estético, lo eco-sistémico; pero claro, también a lo académico, como uno de los elementos fundamentales de nuestro que hacer cotidiano.

En general debemos avanzar en la formación de un sujeto sostenible, lo que nos llevará a una universidad sostenible y a una sociedad sostenible. Como lo escribimos en el libro Aportes de Desarrollo Social y Humano a la Sostenibilidad con la Profesora Fridzia Izaguirre de la Universidad autónoma de Occidente de México: La sostenibilidad requiere de una ciudadanía educada políticamente, que entienda el sentido de urgencia de transformar las prácticas sociales que hacen parte de su tradición y que están llevando a generar una amenaza a las posibilidades de permanencia de la vida como hoy se conoce; por lo cual, no se trata únicamente de un problema de solidaridad con las futuras generaciones como se plantea desde el discurso institucionalizado dominante; sino también, de un problema de la conservación de la vida de todas las especies que habitan el planeta, incluyendo al propio ser humano. La sostenibilidad “va más allá de la preservación de los recursos naturales y de la viabilidad de un desarrollo sin agresión al medio ambiente, implica un equilibrio del ser humano con él mismo, con el planeta y con el universo (…) se refiere al propio sentido de lo que somos, de dónde venimos y para dónde vamos, como seres de sentido y donantes de sentido de todo lo que nos rodea”

De esta manera, pretendemos hacer el tránsito de una Universidad Moderna a una Universidad Sostenible; como Universidad Sostenible, no podríamos ser modernos en un sentido de progreso que denigra y devalúa lo viejo por lo nuevo, porque justamente eso implica que reconocemos los fundamentos de nuestra cultura, donde las tradiciones y la forma de organizarnos socialmente en América Latina, son diferentes y por lo tanto no las podemos volver obsolescentes. Desde la Universidad Sostenible se aboga por la defensa de lo común, no de una libertad humana emancipadora de lo colectivo y de los deberes para con los otros (todos los seres vivos), en la lógica que promueve la modernidad.

La Universidad Sostenible promueve la cultura colectiva y rompe las ligaduras con el racionalismo dialectico de las libertades individuales sin responsabilidades colectivas, para impulsar una época donde el ser humano sea llevado a la condición de sujeto colectivo, desde la lógica de ser y comportarse como humano, y solo entonces deberían intervenir la especialización y la preparación profesional.

Una Universidad Sostenible es consecuente con los pactos globales por la educación y el desarrollo, donde ésta es “la base para garantizar la realización de otros derechos. Es esencial para la paz, la tolerancia, la realización humana (…) es clave para lograr el pleno empleo y la erradicación de la pobreza” (UNESCO, 2015, p.7). Esos retos los asume una institución que reconoce la educación como pilar de la sostenibilidad, una Universidad que atiende el llamado mundial a promover 1) la inclusión y equidad educativa, esto está en nuestros principios fundacionales 2) la igualdad de género, 3) la calidad y mejora de resultados de aprendizaje para promover el desarrollo sostenible y fortalecimiento de la ciudadanía, 4) las oportunidades de aprendizaje de calidad, 5) la garantía de enseñanza en situaciones de emergencia, conflicto, de post-conflicto y de recuperación, 6) desde una agenda y un marco jurídico común, 7) además de una mayor inversión en educación, 8) con estrategias de cooperación de todos las organizaciones sociales, estatales, empresariales y civiles. Asimismo, con propuestas evaluativas que permitan la comparación de resultados y la calidad de dicho proceso. Esto de la cooperación y de la ayuda mutua lo hemos venido plasmando en 48 años de historia y lo hemos vivido apostándole a procesos de integración, que son referentes mundiales como el proyecto SUMA.

Le apostaremos a una cultura del alto desempeño, dónde el rigor y la calidad sean parte de nuestra cotidianidad que nos mueve a obtener los mejores resultados; donde todos y cada uno de los integrantes de la comunidad se esfuercen por mejorar en el día a día para alcanzar niveles de excelencia; la Universidad ha hecho y continuará haciendo importantes inversiones en formación de su gente, invirtiendo en la gente, según lo plantea Schultz; esto debe verse reflejado en el logro de metas superiores, que van más allá de la acreditación de alta calidad tanto institucional como de programas o de las certificaciones bajo las normas ISO que hoy ostentamos; los niveles de excelencia y el alcance de metas superiores deben verse reflejados en el logro de éxitos individuales y colectivos, en la transformación de nuestras prácticas y la forma de relacionarnos con el entorno. De nuestra cultura de alto desempeño debemos derivar una importante contribución a la consolidación de una Universidad con capacidad de enfrentar los retos que las transformaciones del mundo contemporáneo nos imponen cada día; pero también nuestro aporte a la construcción de una sociedad mas equitativa en la cual todos los ciudadanos tengan la posibilidad de una vida decente.

Como un elemento fundamental de la cultura de alto desempeño se puede señalar la necesidad de la innovación entendiendo que uno de sus ejes es el proceso de transformación hacia una cultura innovadora que fortalezca y facilite la innovación incremental y la disruptiva, esperando que soporte el crecimiento futuro de la Universidad y la transformación de la sociedad. En este sentido, nuestras prácticas deben estar orientadas a fomentar la retroalimentación positiva y el reconocimiento; la confrontación asertiva y la conciliación; valoraremos los errores como fuente de aprendizajes y reduciremos la aversión al riesgo, por lo tanto impulsaremos las posibilidades de ensayar y arriesgar, aceptando que hay diferentes formas de hacer las cosas; privilegiaremos el trabajo en equipo y entendemos que los resultados son del equipo no de los individuos; nuestra decisiones deben ser coherentes con los principios y valores que pregonamos.

A la ciudad, la región y el país le ofrecemos una Universidad con altos estándares de calidad; comprometida con un adecuado uso de los recursos a su disposición y dispuesta a contribuir para que el tejido organizacional pueda avanzar también hacia el logro de una cultura del alto desempeño que le permita hacer frente a los retos que le impone una economía altamente competitiva; que pueda insertarse en los mercados globales con bienes y servicios que superen la dependencia de bienes básicos.

Lo que hasta acá hemos expuesto son sólo algunos de los temas centrales a los que dedicaremos los próximos cuatro años, tenemos otros aspectos que iremos perfeccionando con el equipo de trabajo que hemos conformado para avanzar en la construcción de una universidad que todos los días debe esforzarse por mejorar para contribuir a la consolidación de una mejor sociedad. Finalmente, agradecemos a todos los que nos han acompañado el día de hoy, esperamos seguir contando con sus valiosos aportes a la construcción de una mejor sociedad; a mis compañeros de la Universidad de Manizales una invitación a dar lo mejor de sí para avanzar en este proyecto común de construcción de lo público y lo privado.

 

Duván Emilio Ramírez Ospina

Rector

Manizales, 3 de septiembre de 2020

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