Responsabilidades morales colectivas

 

Columna del RectorEs bien sabido que la moral corresponde a un ámbito diferente al del pensamiento. Algún filósofo (quizás fue Hume) dijo que cualquier argumento que menoscabe o respalde una aseveración moral, debe contener afirmaciones o supuestos morales adicionales. Cuando se tiene plena conciencia de que lo que decimos es aceptablemente bueno, igualmente debemos considerar que somos coherentes con la verdad de lo que se trate; y, en consecuencia, surge que la verdad o la esencia de las cosas no corresponde a meras coyunturas. Con otras palabras: ni la moral individual -ni mucho menos la colectiva- es un accidente.
Particularmente, no tengo otra forma de testear mis convicciones morales, más que a través de difundir mis razones morales. Si yo pienso que el no pagar impuestos es incorrecto, es porque mis razones para pensar en esto son buenas. No obstante, alguien puede opinar, de manera radical, lo contrario: que hacer trampa para no pagar impuestos es lo que debe hacerse; y para él probablemente sus razones tengan peso suficiente para creerlo así. En este caso es muy difícil que le pueda demostrar que mis razones son las verdaderas y las suyas no lo son.
Pero lo que sí puedo hacer es intentar persuadirle de que mis razones están motivadas en el hecho de que he actuado de manera responsable al asumir ciertas posiciones y ciertas creencias. Cuando yo actúo quizás acierte en lo que hago, y es probable que cuando reflexione sobre lo que he hecho, me equivoque. En el primer caso, no soy responsable; pero en el segundo caso, soy responsable.
Desde niños comenzamos a adquirir convicciones morales “impuestas” por nuestras familias, por la misma cultura en la que crecemos. Vamos creciendo y dándonos cuenta del asunto de la igualdad, por ejemplo; y luego, vamos adquiriendo otros conceptos más complejos: la ley, la libertad, las ideologías, los regímenes políticos… Caemos en la cuenta de que nos son necesarias convicciones morales mucho más rigurosas a medida que nos enfrentamos a un sinnúmero de acontecimientos que así nos lo exigen. Y, en la mayoría de los casos, nuestras convicciones son en buena medida producto de las intuiciones y, por tanto, de las no reflexiones sobre estos asuntos. Así actuamos; y olvidamos que nuestras interpretaciones de los hechos van encadenadas con valores. Somos moralmente responsables por cada actuación que tengamos.
Todo esto para decir que pienso en la situación actual de las marchas y las protestas. No las criminalizo, por supuesto que no. Pero quiero pensar en las convicciones morales de quienes participan en ella y de quienes no participan en las mismas. ¿Cómo pensar los problemas morales colectivos aquí? Porque obviamente no es un asunto individual para nadie. Se trata de una moral colectiva, corresponsable con lo que suceda. En consecuencia, me inquieta saber ¿por qué una interpretación moral de la igualdad, o de la equidad, o de la justicia es mejor que otra? ¿Es sensato suponer que una interpretación de un hecho es moralmente mejor que otra interpretación moral del mismo hecho? ¿Qué tanta convicción moral camina por las calles? ¿No será que hay caminantes que están determinados por el autointerés y no por principios que reconozcan la importancia de lo que interpretan y creen quienes están en otra orilla? ¿No será prudente pensar que estos autointeresados tienen presuntos compromisos, es decir, que proclaman principios de lucha solo porque éstos les son útiles a sí mismos?
No lo sé. No cuestiono a quienes protestan. También creo que hay muchos motivos para hacerlo. Solo quiero saber y poner sobre la mesa de la conversación, el asunto moral. Al fin y al cabo, desde las universidades nuestro compromiso no es otro que asumir las funciones misionales cumpliendo el mandato moral y político que emana de la sociedad. Las protestas y las marchas no son solamente éticas y políticas, también son morales.

 

Nueva alianza de cooperación

 

Esperanza después de perder la libertad

El convenio fue suscrito por Guillermo Orlando Sierra Sierra, rector de la UManizales, y Pascale Lafrance, directora general de la Agencia de Relaciones Internacionales, en representación de la Universidad de Sherbrooke.

 

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

La Universidad de Manizales y la Universidad de Sherbrooke (Quebec, Canadá), firmaron este lunes 28 de octubre, un acuerdo de cooperación en ámbitos de la enseñanza, la investigación y la movilidad de estudiantes.
La vigencia del convenio será por cinco años y permitirá el intercambio de información y de documentación científica y técnica; adelantar proyectos de investigación desarrollados en colaboración por equipos de investigadores de los dos establecimientos; la organización conjunta de seminarios, coloquios y otras manifestaciones científicas y culturales que sean de interés para los dos instituciones y movilidad de profesores e investigadores para misiones de duración variable.
En la actualidad la Universidad de Manizales cuenta con más de 74 convenios interinstitucionales con universidades de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia, México, Perú y Polonia.
A través de estas alianzas la Institución busca fortalecer los encuentros pedagógicos en contextos internacionales, desarrollar las competencias multiculturales y las habilidades lingüísticas de la sociedad universitaria, necesarias para la interacción en un mundo globalizado.

 
Agenda Rector
 
 

“Somos coautores de escenarios de desigualdad”: Sierra Sierra

 

eliminar privilegios para reducir la desigualdad

 

La Universidad de Manizales fue sede del Tercer Seminario Regional sobre Trata de Personas, certamen organizado por la Fiscalía General de la Nación, los gobiernos municipal y departamental y la Institución.
Durante el acto de apertura, Guillermo Orlando Sierra Sierra, rector de la UManizales, invitó a los asistentes a pensar en ¿cuál es el tipo de sociedad que producimos?, y a la vez recordó que somos cómplices de lo que sucede, dado que fortalecemos el consumismo que nos convierte en coautores colectivos de ese flagelo que se llama trata de personas, porque generamos escenarios de desigualdad.