Inicio / Edición 7

Por Lisbeth Fog Corradine
Editora de la revista de divulgación científica Pesquisa Javeriana Multiplataforma

Apropiación social del conocimiento,

La investigación científica, sí, aquella que produce la comunidad científica colombiana, principalmente en las universidades, apoya infinidad de procesos: produce información novedosa, incluso a veces refuta lo que se asumía como verdad. Recuerde por ejemplo las clases del colegio cuando le contaban a uno que antes del siglo XVI los habitantes de entonces pensaban que la Tierra era el centro del universo. Y gracias al ejercicio científico, la teoría cambió.

También apoya a quienes ostentan el poder –económico, político, etc. —para tomar decisiones basadas en evidencia científica. Así, una población puede tomar acciones frente al agua que consumen sus ciudadanos cuando los científicos investigan su calidad y les informan sobre lo que encontraron.

Promueve la capacidad de asombro… que tanto se ha perdido en los últimos tiempos, y con ello puede incentivar vocaciones científicas en los jóvenes, como por ejemplo, estudiar las propiedades alimenticias de los insectos que comían los indígenas antes de que llegaran los españoles a nuestro territorio y generar un emprendimiento.

Cuando el investigador hace alianzas con un empresario o un industrial, es muy posible que pueda generar soluciones a los problemas que surgen en sus procesos de producción de bienes o servicios.

La ciencia enriquece la capacidad de análisis, de preguntar y de solicitar explicaciones; genera inquietudes, promueve la gallardía, nos lleva a buscar planes B frente a los obstáculos que se presentan en la ruta investigativa. Pero esto solo se logra si esa investigación no llega exclusivamente a los colegas científicos en instituciones de otras regiones, sino al resto de la humanidad.

Cuando el ciudadano común tiene acceso a los resultados de las investigaciones, a través de canales fácilmente asequibles, en un formato o lenguaje comprensible, puede comprender causas y consecuencias de fenómenos, por ejemplo, los cambios drásticos del clima, y puede actuar para prevenir desastres y salvar a su familia y vecinos.

Y no se trata exclusivamente de “divulgar la ciencia”. Eso era antes, cuando se contaba exclusivamente con pocos canales para hacerlo. Pero hoy el mundo es interactivo, la velocidad de las comunicaciones nos permite reaccionar y opinar lo cual, bien manejado, conduce no solamente a informar sino a lograr un círculo virtuoso en el que emisor, mensaje y receptor han quedado en el pasado y hoy el conocimiento se construye en doble vía y se informa en tiempo real. Así lo han entendido algunos científicos del mundo que abren sus propios blogs o páginas web o los de sus grupos o institutos de investigación, en los que van contando sus avances, producen boletines de prensa y están disponibles para responder a quienes los consultan por estos canales.

Como periodista científica, y en los últimos años como editora de una revista que cuenta historias de la ciencia, he vivido la transición del mundo hermético del científico al investigador amigable, que me acoge en su lugar de trabajo, laboratorio o territorio, y con la paciencia de Job me explica todos los detalles de su investigación. He recibido portazos, pero también me han aceptado con alegría por saber que su trabajo será conocido por personas diferentes a sus colegas. Algunos me han dicho que gracias a los productos periodísticos han entrado en contacto con tomadores de decisión para utilizar sus resultados en algo práctico. Otros me han agradecido porque finalmente su familia entendió lo que hacía en su vida laboral.

Contar historias de ciencia al ciudadano común y corriente paga. Contar no solo los procesos de la investigación científica sino las innovaciones que conducen a patentes, las creaciones artísticas que también forman parte de la generación de conocimiento nuevo. Todo esto apoya a la formación de una cultura ciudadana e invita a darle rumbo a un país que tanto lo necesita.